lunes, 14 de noviembre de 2005

JULIO CARABELLI poemas

Ella me pidió
-no te lleves el libro de Henry Miller-
con el viento cálido guardado en el escote
y preparó la cena
le gusta
le encanta tender manteles verdes
toda la clorofila sobre la mesa
y se lava los dientes
en tanto yo veo una mesa de póker
y me siento con mi gorro de visera verde
verde como aquel verso de Lorca
que nunca recuerda entero
por eso
de la falta absoluta de memoria
culpa de sus zapatos verdes
por los que pierde solitario tras solitario
en la playa imaginaria en donde yo
olvidé mostrarle el mar.
Y sirve tallarines de espinaca
murmurando que con los naipes de póker
siempre pierde
aquí y en la frontera de grosellas
-culpa de tu vieja- dice
y de mi hermana y oígo
la letanía de mi árbol genealógico de vaginales frutos
mujeres
camino al derrame y desparrame
mujeres pendiendo de ramas verdes
mi abuela bisabuela tatarabuela
madre comadre contramadre tía
y pienso
-no hay peor misogínia que la de las propias hembras-
mientras desfilan
con vestidos verdes supongo
los escombros de las mujeres de mi familia
primas cuñadas concuñadas
hasta que verde de rabia le grito que se calle
y se calla
se calla y me mira
con esos sus ojos verdes
verdes como para recordarme
que le debo el mar y alguna que otra cosa.


Ella comía manzanas en “baby doll”
A Virginia Galindez

Tal vez en 1958
o en los 60
cuando los beatles
Sartre y la Revolución Cubana
ella fuera muy hermosa
muy pero muy hermosa
y leyera a Cortázar
poniendo de marcador en Rayuela
una foto de Alain Delón
y un poco intelectualoide
indagara sobre Rulfo
Adorno
Arreola
Asturias
porque Borges dijo que
y era Neruda el puño en alto.
Yo la conocí un poco después
cuando ella contoneaba
su cintura de azogue ante los espejos del bar La Paz
y los espejos no mentían cuando le susurraban libidinosos:
-sos una hermosa yegua-
porque lo era y todos quien más
quien mucho más
queríamos voltearla sin saber todavía
avanzados los 60
que eran ellas las que decidían ser volteadas o no
¡manzanas!
y nos engañábamos tanto
con tantas cosas nos engañábamos
que hubo habido un tiempo en el que creímos
poder cambiar el mundo con un voto
con un sucio papelito impreso en una imprenta legal
tan legal como soñarte en “baby doll” muñeca al fin
aunque poco a poco te alejaras de todo
del cigarrillo
del vino azul
de nosotros
y de la revolución que se iba en la noche
embelleciendo mingitorios.
Te alejaste
compungidos los espejos de La Paz
se opacaron
sin querer reflejar tu memoria
ni los pocillos con borra de café
atiborrados de Troilo y de Pugliese
llorando con semifusas de ausencia
tu comida macrobiótica
para ese cuerpo que no necesitaba más que amor
¡manzanas!
para el duelo de esos pechos que multiplicaba
la confederación argentina de los mil espejos
¡manzanas!
sin que aquella la paradisíaca apareciera
en la bandeja del mozo regocijado con tu escote
porque pretendías ofrecer tu virginidad
al príncipe azul que te llevaría a Europa
o a las sierras de Tandil
lo mismo daba
y ahora
fracasado el trueque
te imagino amiga nuestra
haciendo ejercicios frente a la TV
con tu himen intacto y cicatero
¡harto de manzanas!


La reina del blues

Siempre aseguraba que sería
una tarde cualquiera
la reina del blues
mientras servía vino a los borrachos
en el bar mugroso de la terminal

-Ya vas a ver- amenazaba
y mascullaba en pésimo inglés
algún verso aprendido al pasar

y volvía a poner el viejo disco
donde una voz redonda le decía

-la próxima eres tú-

pero no fue la continuadora
ni siquiera pudo cantar
aquel único verso que sabía
en el sucio bodegón que estaba enfrente
la muerte la sorprendió
sin más lujo
que un raído camisón violeta
y una oxidada intención
con la cual le fue posible
abrir el dique que escondía en las venas.
Ahora
cuando ya no suena tu canción remota
yo te nombro muchacha
la reina del blues
y como tal
mañana
iré a saludarte envuelto en una bata azul.


Amigos

Y realmente no sé por qué no te saludé
tal vez por tu risa
¿te acordás que siempre traías un cuento nuevo al café?
un cuento nuevo
y Roberto se agarraba la panza y era
una barriga de vidrio pariendo estertores de risa
y Luis bajaba la cabeza y reía
con un silencio de fósforo apagado.
Él había salido del seminario en donde le decían
¡guerra a la distracción, el silencio es salud!
y a Betty le agradaba aquel silencio
y lo miraba
se reía también
pero lo miraba fijo con sus ojos dispersos
su mirada de arena que
cuando Luis se internó en el silencio ajeno
buscaba en vano respuestas de trigo
porque Luis fue el primero
antes que Roberto tan seguro
de la existencia de un planeta de polipropileno
donde alojar todo lo no biodegradable
por ejemplo
el congreso nacional
la cúpula de la curia
y todos los liceos militares
por eso pensamos que no vino ocupado
con el extenso listado a presentar cuando llegaran
cuando los extraterrestres nos invadieran
no nuestro propio ejército
pienso que pensaría
ahora
si apareciera
si te pudiera saludar
si todos te pudiéramos saludar
y festejar tus cuentos
como antes de haber oído tu risa
en la sala de torturas.

..........................
A José Campus

Yo nací en el 40
década signada por la guerra de los mundos y mi apellido
parece haber marcado mi vida
-vea Carabelli
aquí
hay que hacer silencio- y yo hacía ruido
ella me quería
no lo duden
me quería con un amor que de violeta
vea
no tenía nada
ni yo ganas de callarme
y le pegué con un caño al cana aquel
porque para leer a Sartre había que estar tranquilo
y otra vez
nos sacaron del hotel justo cuando ella
porque el hotelero
vea
se había atrasado con la coima del señor comisario
¡por favor!
hay que ser muy hijo de milico
para sacarme de la pieza justo cuando ella
-¡respete la ley Carabelli!-
me conminan los leguleyos
país parido por abogados
siempre hay un cuando dotorcitos
capaz de volverlo a uno violento pacifista parado
vea
bien parado con un cartel en la plaza
¡fuerayanquisdeaméricalatina!
y cómo contar aquello
si pasó tan de aquí
tan desodorante
tan como su quién sabe por mi lado y entonces
me dije:-Carabelli
por un rato no importa que los yanquis...
y me ofrecí de escolta
vea
suficiente para perder la pampa con todos sus gauchos
y es que no hay que descuidarse
hay que saber
esgrimir siempre la paz
con un grito de guerra.
........................................................................................
Bebíamos
más de la cuenta que crecía y crecía como la acidez
y él hablando del proyecto
porque con el excedente compraría acciones

-vos no sabés nada del mundo de hoy-

y yo pensaba que eso mismo
me lo dijeron
me lo dicen
me lo dirán
las mujeres a las que he querido
o las que quiero
sin hablar de amor
¡no jodamos que no tengo auto!

-el que voy a comprar va a ser color patito-

y me radiografiaba el coche
caballos en el motor
un águila en el capot
un tigre en el tanque de gasolina
listo para levantar a esas vicuñas de barrio norte
esas que te miran por arriba del hombro como las llamas

-porque las vuelve locas el color patito-
y se transforman en terribles yeguas ávidas de sexo-

y yo extrañando a la última potranca
bebía
harto de aquel zoológico y de las acciones
sobre todo de las buenas acciones que me obligaban
color patito
a oírle el futuro con todo el ruido
a él
al índice merval
a los sonidos que emite su ausencia mientras finjo
ver albatros monógamos que me llaman
mientras digo -no cuenten conmigo-
y veo mil mujeres por el espejo retrovisor
de un coche color patito
en el que no viajo

-y hoy convienen las acciones de turquito punto com
que arroba como ninguno-

habla solo sin saber que he usado su espejo
su espejo inexistente
y bebo
pidiéndoles disculpas a los albatros monógamos
asegurando que el patito no es un color
y diciendo a quien no me oye que
aunque ella no me haya creído
yo la amo.

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