miércoles, 12 de agosto de 2009

SILVINA VINZIO (San Juan, Arg.)

Detalle mural del ceramista y escultor sanjuanino Luis Fernández.
Fotografía: A. Campillay

Aquí

Automóvil modelo setenta
venido a menos
esquivando carretelas con alfalfa, con escombros,
compro cartón vidrio botella.
Se cargan baterías. Tayer de chapa.
Y mientras un lejanísimo mundo
sube y baja su prisa
por escaleras eléctricas,
aquí escalamos de rodillas
las piedras de la promesa,
y derretimos ríos de sebo
porque sobrevivimos al derrumbe,
a la sed y a la pobreza.
Con las primeras heladas
vamos a carnear nuestro chancho,
el puñal sin error se clavará
en el corazón de la esperanza,
y la sangre a borbotones calentará el asombro
y anunciará cosas nuevas. Humo, escarcha
y licor de anís, bajo las desatadas estrellas.
A la orilla del brasero
seguiremos tejiendo el amor heredado, de lazada en lazada,
de madres bisabuelas a hijas madres para que no se rompa,
para que no se caiga, para que no se corte,
para que no se muera, ni se marchite, ni se agrie,
para que quedemos atadas
en el nudo de la hembra cobija, nido, alimento, pujo,
misericordia y alegría.
Sobando al Cristo del amasijo agachado, blanca, salada
y tibia su frente dormida en un rincón de la cocina.
Marcando a puño el territorio del miedo y la locura
que se cura con nueve avemarías
y vinagre derramado alrededor de la casa.
Queme chalas de ajo con una brasa
los viernes por la tarde y ahúme donde vive
para alejar el daño.
Muriendo nuestras muertes semianalfabetas,
cargando burros con leña
y empeñando la vida
para adquirir un bien de segunda mano.
Vamos a esperar el brote, las pariciones,
la rajadura de los huevos, el turno para regar
los sueños eternos,
el piadoso despertar en septiembre
de las aguas de nieve en el alambrado,
la grieta en la piel de las brevas,
la miel del melón que baja
la fiebre salvaje del verano.
Esperar,
que el viento no se lleve la flor del olivo, del durazno,
el viento y el silencio calientes que todavía
no han terminado de explicarnos quiénes somos,
hondo infinito estas raíces busco, huelo, muerdo,
soy
este tantísimo que me rodea y no lo dejo, ni lo cambio,
lo nazco, lo canto, lo lloro, lo padezco, lo florezco, lo gozo.
Lo bendigo.


ACERCA DE LA AUTORA

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