miércoles, 17 de abril de 2013

Laura García del Castaño

Fotografía: Boris Mikhailov
 
      Escucha el aullido de tus muertos
      La necesidad de los vivos
      comienza
      por esa pequeña limosna.


El árbol oscuro

Yo apunté a un nido
Yo apunté a un nido y le di
e hice lo mismo que el tiempo hace con la risa.
Y lo hice sola
con una roca de hielo,
con una piedra de llanto congelado.


Luego, con el mismo escombro rasguñé mi cara
e hice lo que un rastrillo con la arena.
Únete como a un recuerdo joven dije y labré la marca,
sin ventanas para mi rabia
labré la marca
dejé el vestigio de haber sido un instante tan vil como el tiempo.


Con una roca de hielo
Con una roca de hielo
derribé lo que flameaba en el árbol oscuro.
y todos los recuerdos sin sostén cayeron
mezclándose las filmaciones de unos rostros
con las grabaciones de otras voces
en un solo engrudo.


La mano de mi amante con cara de risa,
el pie de la muerte con aliento de pozo
y mi padre con sus ojos en blanco.


El tiempo es un árbol oscuro
vive pensando el fruto que arrojará sobre tu risa.


Y el pasado,
el pasado es el nido
se piensa ausente pero se sabe de éste lugar
como un destino circular que otra vida menciona
y tu atiendes pero lejos ya.


Pero esta vez lancé una piedra.
A fuerza de ser pájaro,
a fuerza de flamear sobre un árbol oscuro
al tiempo le di, al pasado le di,
derribé sus frutos, rasguñé mi cara.
Y todo eso lo hice yo sola,
con una piedra de llanto congelado.





Se  habla cada vez con más certezas

Así,
como el color del humo presume la voracidad de fuego,
o el cauce de un río su arrebato
por cómo naces se adivina el carácter,
por la línea de tu mano los hijos que te esperan,
por la forma de tu cráneo la inteligencia,
por el ancho de tus huesos tu fortaleza,
por tus actos la magnitud de tu entierro
y por tu cadáver
la demora de tu olvido.




No te daría mi colección
de cucharas importadas

Ni me tatuaría un brazo
Ni me iría a vivir a tu casa con tu madre
Pero te dibujaría lo que la vida te borre
Te esperaría debajo, en el gran salto
Porque soy todo lo que no has buscado
La arrastrada por tu mayor creciente
La que supo domar al fantasma de tu entrada.
Tomo lo que me sirves, lo picante, lo amargo
Soy lo que dejas afuera a la intemperie,
La que va hasta ese lugar de tu fiesta,
del corazón
de tu hambre
No hay una foto tuya en mi billetera
Nunca retuve tu número, tus claves
No hay nada que nos una
apenas me tenso al esplendor de tu vida
con ese hilo finísimo
con que la luz
sujeta a los insectos.



 

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