martes, 20 de diciembre de 2005

ADRIAN CAMPILLAY /el ojo del bandoneón/ SAN JUAN, Argentina.




















ritual

Voy hasta la forma raída de mis huesos
me levanto de la cama envuelto en mi cuerpo

ungüento de madre me sostiene

me lleva por calles donde me contagio de pena

me doy vuelta como un guante en la soledad de mis pensamientos

he muerto sin morir,
he regresado,
soy hijo sin pies y camino en mi cabeza enferma
doy rondas en mi celda de huesos
así la historia desaparece

me quedo completamente solo sin poder verme a mí mismo

sentado mientras todo pasa, el tiempo, la muerte,
el hambre golpeando las puertas o derribándolas a patadas
las visiones de ciegos desesperados en la luz
y no es otra que fuego y nos mata

es por eso al entrar a mi cuerpo recojo cenizas
cuyo destino no es el mar,

ni el viento,

sino el desierto de las palabras.


...
los soñadores abren los ojos para ver una ciudad vacía.
la primavera duerme en ese hueco que nadie ve.


así la calle continua
soñando aquel sueño.
sueño inmóvil.
fotografía sin rostro en donde sin querer
nos reconocemos y a partir de ahí:

la calle sueña dentro de nosotros.




LA CASA Y EL MENDIGO
—¿De dónde vienes?
Preguntó la casa
rompiendo silencio
que traía en los ojos.
—De un país
de rocas suaves
como tus paredes,
donde faroles alumbran mis penas,
y quienes te habitan: pasean hijos y perros.
—¿Qué haces entre ellos con tu odio?
tienes pies, andas la tierra...
Preguntó la casa
y el mendigo
dibujó en su cara
la mitad de una sonrisa.
—Estiro mi mano
y en la palma
escupen sus monedas
con asco. Voy donde los míos
a buscar nuestra niñez

cantamos tangos

estamos tristes

tan tristes,
que nunca lloramos.


Y la casa lloró.




Textos extraídos de EL OJO DEL BANDONEON
-tango en 4 actos-Ed. La piedra en la honda,
San Juan, 2001.
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