lunes, 13 de marzo de 2006

ESE ANDRES RIVERA

Por Ernesto Simón

Es, a mi modesto modo de ver, uno de los mejores escritores vivos de habla hispana. Dejo acá, como al descuido, una breve semblanza de Andrés Rivera. El escritor de las heridas abiertas.

Nació en Buenos Aires en 1928. Alguna vez fue obrero textil. Su narrativa contundente muestra una parte de la historia que hasta hoy nos hemos negado a mirar. Leer a Rivera es embarcarse en un viaje placentero y comprometedor. Acaso este escritor sea uno de los más apasionantes narradores vivos que América del Sur pueda ofrecernos. En 1985 obtuvo el Segundo Premio Municipal de Novela con En esta dulce tierra. En 1992 recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela La revolución es un sueño eterno, y en 1993 la Fundación El Libro distinguió La Sierva como el mejor libro publicado en 1992. En Octubre de 1995 recibió el Premio del Club de los XIII por El verdugo en el umbral. Su novela El farmer, sobre los años finales de Juan Manuel de Rosas, permaneció varias semanas entre los libros más vendidos en Argentina en 1996. Actualmente vive en la Ciudad de Córdoba, Argentina. Entre sus obras es preciso señalar Nada que perder, La revolución es un sueño eterno, El amigo de Baudelaire, La sierva, Mitteleuropa, El farmer, La lenta velocidad del coraje, Hay que matar, Ese Manco Paz, Cría de asesinos y su última novela Esto por ahora. Por estos días he vuelto a Andrés, como quien vuelve a visitar a su viejo maestro. En su novela, Esto por ahora, de nuevo me sorprende en la literatura ese brillo poderoso de las cosas vivas que se siguen transfigurando, pero que nunca dejaron de ser la vida; salvaje, vengativa, fatal, la vida en sí, y eso es todo.

Ha sabido usar el recurso que algunas llaman "aliteración" como nadie. Su martilleo es poderoso y perturbador. Es cruel. Porque va zanjando el pecho del lector con frases contundentes y lacerantes. y cuando el lector (yo)parece desangrarse, aparece la dulzura tierna del escritor profundo que termina conteniendo el dolor descubierto. Leer a Andrés Rivera, es descubrir el dolor que llevamos adentro y hacerlo salir por esa profunda lastimadura que suelen ser los días.

Fragmentos de su prosa:“¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad? ¿Qué derrotó a la utopía? ¿Porqué, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los días de mayo, traicionan la utopía? ¿Escribo de causas o escribo de efectos? ¿Escribo de efectos y no describo las causas? ¿Escribo de causas y no describo los efectos?”“Escribo la historia de una carencia, no la carencia de una historia. Y ahora escribo: me llamaron -¿importa cuándo?- el orador de la Revolución. Yo, Juan José Castelli, que escribí que un tumor me pudre la lengua, ¿sé, todavía, que una risa larga y trastornada cruje en mi vientre, que hoy es la noche de un día de junio, y que llueve, y que el invierno llega a las puertas de una ciudad que exterminó la utopía pero no su memoria?”

De la novela: La revolución es un sueño eterno.

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