viernes, 12 de mayo de 2006

JULIO HUASI (1935 / 1987) Arg.

RECUERDO DE VALPARAÍSO

Lunas con acordeón y cocaína.
Lunas borrachas y melancólicas.
Luna de las bahías y los cafetines.
Lunas que huelen a ron, a espuma, a sobaco marinero, a oscuro amor.

Las señoritas mac-lean, bormman, vandervelde y goldstein bajaban por la noche al puerto mecido en el azul y en el verano.
Todas bien dopadas,
todas con pantalones,
todas con carcajadas terribles
y enganchaban a los marineritos.

Los llevaban a los muelles,
los embarcaban en sus bellas lanchas de exóticos nombres, se hacían servir brutalmente en la cubierta y en el caliente frenesí de la droga, desnudas, mojándose en whisky, corrían por la borda y escupían a las estrellas y lanzaban feroces chillidos. Como los toscos australianos o ligures o finlandeses —a quienes el maná les había caído maravillosamente del cielo— se fugaban, siempre terminaban amándose entre ellas...
Eran la juventud dorada de valparaíso.

Yo era adolescente
y estaba enamorado de chile, de mari-rosa, de la poesía, el mundo, el vino, la libertad, las rojas banderas, los mares, lo misterioso y volcaba mi nuevo turbulento lirismo bailando hechizado la incendiada exaltación de mis dieciséis años y modelaba y luego lanzaba cálidas palomas junto a los muchachos del comité de la paz de la provincia de santiago que me mostraban la magia de santa lucía, me llamaban el che y me querían.

Los portuarios estaban en huelga,
el mal baterista se contorsionaba en el dancing batiendo un mambo frenético.
Estaban la policía, los alcahuetes y la estrellería de los cerros brillaba como una anunciación de venganza.
Los obreros vigilaban cada borda, cada luz, cada ola.

Hablé con los estibadores en los piquetes y caminamos con mari-rosa de la cintura toda la noche, toda la aurora y una estrella mágica y verdosa volaba de nuestras manos. Ya en la mañana comimos pescado frito y bebimos rojo vino y no terminábamos nunca de besarnos y ella se fue a trabajar y yo a la ciudad, a la ciudad, a la ciudad y encontré el valparaíso que luego hallaría en el poema de tuñón.
Mis ojos se hicieron más verdes con la lejanía,
alas rebeldes batieron bajo mi piel
y quería amar a todo el mundo y que todo el mundo me amaray un violín color de sangre nacía de mi corazón.


increíble del poeta

en el vientre del humo fue parido
doña luna canyengue le hizo el nudo
lo bautizaron con vino y con tangazos
y largó su agarrada sangrienta con los panes
ilícitos benditos malhabidos no es problema
tiene que haber uno para cada uno
fue a decir todo eso y al abrir la boca
lengua con alas alumbró un zorzal
con las indómitas cuerdas bien puestas
fue un milagro una milonga de oro el pueblo
formó alrededor del dulce pájaro
sublevaba tu corazón el payador espléndido
luego hubo de todo y más que nada sombras
traición sobre traición vinieron los censores
con una serpiente ciega en cada mano pero
ni víboras izquierdas ni víboras derechas
pudieron desatar al pueblo de su música
el ombligo inmortal cantaba fusilaba
qué le van a hacer mis verdugos es la vida
con el pueblo ha llegado y con el pueblo volverá.

....
natividad, pasión y muerte de jesús paredes,
un tipo que respiró y expiró en argentina sin
techo propio, sólo con lo puesto que era la piel

cuando nació dijeron uno más para la mesa
cuando creció dijeron un atorrante más
cuando subió al andamio dijeron según quienes
uno más para exprimir uno más para la lucha
cuando cobró dijeron uno más para que pague
cuando chupó dijeron tenía que ser negro
cuando amó dijeron uno más para la cama
cuando fecundó dijeron como si fuéramos pocos
cuando las vio negras dijeron así es la vida
cuando aulló dijeron uno más para el castigo
cuando cayó de lo alto viendo la obra al revés
alertó un gusano: hagan lugar, nos mandan cena,
cuando murió dijeron uno menos para el baño.
Esta es la historia de jesús paredes, más.


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