miércoles, 8 de noviembre de 2006

Poemas de Marietta Morales Rodríguez (Antofagasta / Chile)

CARTA A BONO EN PARIS

Estoy como en ese cuarto de hotel
de un millón de dólares.
Observando a través de la ventana
como cae la nieve,
humedeciendo las calles de la ciudad.
Escuchando The matter more pretty of world
recordando esas viejas canciones del patio del
colegio
.
En que todo lucía
como una moneda de centavo.
Eran los tiempos que las distancia
me parecían remotas
y estar sentada en los pasillos de los aeropuertos
una situación casi irreal.
Ahora en este pulcrísimo hotel,
envuelta en un vestido blanco.
Todo ha sido vertiginoso y casi cinematográfico,
cuando el carretero de la muerte
caminaba hacia el cementerio.
Mis mundos se derrumbaron
y todo se evaporó entre mis manos,
y solamente pude guardar tu fotografía
en mi baúl.
Eran los tiempos en que soñaba estar contigo
en un castillo de Dublín,
construyendo esos mundos perfectos,
donde no existe el desamor.
El tiempo corrió como atleta soberbio.
El carretero de la muerte se alejó para siempre.
Galopé hacia tierras áridas , desafiantes.
Levanté circos como hongos
después de la lluvia,
aprendí a sentir el látigo del silencio.
Lancé muchos papeles
y aún escuchaba tus canciones ,
cuando caminaba por las calles empedradas de la
ciudad.
Ahora los transeúntes
corren de un lado a otro,
como esa niña que se levanta
temprano para subirse al microbús .
Saco del bajón aquel libro bellamente impreso ,
y siento , mi querido Bono,
que ambos estamos envejeciendo.


MADRID /SARAJEVO /BERLIN

Son las linternas feroces
que emergen
desde el fondo de una maleta,
que vieron como la línea del tren
se rompió como gacela quebradiza.
En el palpitar de las calles desoladas,
de esos resplandores que entraron
por la ventana.
De esos sueños metafísicos,
de aquella radio que anunciaba
el desembarco de los ángeles
y dibujaba
ese severo retrato familiar.
Esa imagen etérea
cuelga desde lo alto
de un péndulo.
De ese tiempo que corrió
como telégrafo frenético ,
en busca de esa
comedia mal representada
que es el estallido de una granada,
al final de una calle de Sarajevo.


EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LA DESESPERANZA

En el teatro de marionetas
el estruendo de Puccini
retumba en tus oídos.
Es la vorágine
que te ahoga entre edificios y jeringas
en los atardeceres,
en las melodías del clarinete,
junto al café evaporado.
Buscas la vida en el cajón de fósforos
entre el baño y la cocina .
En la cantina de la esquina
el sonido de los látigos
anunciaron la última travesura del
ángel descarriado.
Al sonido de Armstrong,
que cae como la lluvia de los anuncios
en las calles húmedas,
la fotografía de fin de siglosque estremece los amaneceres del mundo.


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