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jueves, 23 de marzo de 2006

30 AÑOS DEL GOLPE

// Por Ernesto Simón
Si el ejército argentino tenía una obligación, pues quedó claro que la orden no fue bien ejecutada. Tenían que proteger al pueblo de posibles ataques foráneos. Sucedió que entablaron una guerra contra sus compatriotas. Grave ataque a las instituciones. Los militares argentinos fueron juzgados y condenados. Luego sobrevino la historia. Quiero decir: alguien les dio la amnistía, Alfonsín. El otro los indultó: Menem. Ahora pagan la pena de ya no ser, y cuentan con el beneficio que les otorga la flácida memoria del pueblo argentino. Se cumplen treinta años del "Golpe Militar" que derrocó a Isabel Perón, quien había heredado la presidencia tras la muerte del General Juan Domingo Perón. Luego vino la fatalidad y el terrorismo de Estado. Persecuciones, interrogatorios, centros de detención clandestinos, desaparecidos, tráfico de bebes, las abuelas desesperadas buscando a sus hijos, y, como corolario, la "Guerra de Malvinas", última masacre mano factura "Ejercito Argentino".
El tiempo ha pasado, y parece que no ha pasado nada. Las mismas clases y los mismos intereses sociales, con las lógicas modificaciones producidas por el proceso histórico y la crisis capitalista, continúan dominando el país.
El golpe militar del 24 de marzo de 1976 constituyó un movimiento de reacción política apuntado a liquidar todo intento de social democracia. Habían indicios que preocupaban a la derecha: brotes revolucionarios iniciados en 1969, y luego los conflictos suscitados en junio y julio de 1975, con la primera huelga general de la clase obrera argentina contra el gobierno peronista.
El golpe tuvo la venia de los diferentes gobiernos de EE.UU. La burguesía nacional no se quedó al margen. Querían acumulación de riquezas, y eso es lo que los militares les aseguraban. Después se demostró que fueron pésimos administradores y malos gobernantes. Nadie olvida al pueblo argentino vitoreando a Videla en el estadio de River cuando el seleccionado de Menotti salió campeón mundial de fútbol. Esa misma burgue en el año ´78. La burguesía ilustrada fue la que también ovacionó en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, a Leopoldo Galtieri cuando, en irresponsable avanzada, recuperó Las Malvinas. En San Juan gobernaba Don Leopoldo Bravo, eterno colaboracionista de la dictadura.
La ilusión de Malvinas duró unos meses. Después ya todos conocemos la historia. La simplicidad con la que se olvida en nuestro país, hace que nos desentendamos de las responsabilidades. Los temas a debatir son estos: ¿por qué dejamos que estas cosas sucedieran?, ¿qué falto para evitar que un grupo de trasnochados tomaran el poder?, ¿qué irresponsabilidad tan pronunciada nos hace desentendernos como sociedad de lo que ocurre a nuestro lado? Estos tremas esperan su discusión. Mientras tanto, los diferentes gobiernos aprovechan la fecha para poner en práctica la tan efectiva "demagogia populista", siempre tan bien aprovechada por los gobiernos justicialistas. Bajando cuadros, haciendo recitales gratuitos, conmemorando lo que no combatieron. ¿Qué nos pasó com país? ¿Cuándo fue que nos ganaron la batalla?
Eran tiempos de reacomodamiento. Las clases sociales empezaban a fracturarse. La burguesía necesitaba un completo cambio de régimen. Para ello había que sortear una serie de "obstáculos legales". La naturaleza reaccionaria y fascista del régimen militar le vino bien a un conjunto minúsculo de argentinos que otrora ostentaron la oligarquía ganadera estimulada por Rosas y que ahora, convertida tras la revolución industrial, necesitaban nuevas condiciones para poder continuar con la explotación. Los favores que el Estado Argentino concedería a esta clase, sólo pudo sostenerse con represión. Mientras las huelgas obreras crecían, la descomposición del gobierno peronista se aceleraba. El golpe era inminente. La inflación y el desabastecimiento fueron promovidas desde los estratos más poderosos de la economía. La especulación desenfrenada, la fuga de divisas, la cesación de pagos con el exterior y la "huelga impositiva", fueron piezas claves que la derecha supo mover en el entramado tablero de la política argentina. El objetivo de este caos económico era, por un lado, disciplinar detrás del golpismo a la mediana empresa y a la pequeña burguesía. También se logró paralizar a la clase obrera, desquiciando sus condiciones de vida materiales hasta extremos intolerables. El viernes 18 de diciembre de 1975, se levantó un sector ultraderechista de la Fuerza Aérea reclamando que Videla sea designado presidente. El golpe quedó aislado. La dirección de las Fuerzas Armadas entendía que el golpe debe ser "institucional", esto es: encabezado por los jefes de las tres fuerzas. Los altos mandos dudaban, además, sobre las reacciones que podrían provocar. Tanto los partidos políticos como la CGT se abstuvieron de intervenir. Desde Tucumán, Videla le puso fecha al golpe: "denme noventa días" dijo, "el 24 de marzo de 1976 tomamos el poder", y así fue. Cumplió con su palabra. Acaso lo dejamos cumplir.
La revista The Economist anunciaba que el ministro de economía sería José Alfredo Martínez de Hoz, presidente del Consejo Empresario Argentino y de Acindar. Durante los primeros setenta días de 1976, la burguesía nacional profundiza el caos económico y arma el "respaldo civil" del golpe. Como suceden estas cosas. Como la historia oficial está habituada a irrumpir en el país: el 24 de marzo de 1976 los militares dan el golpe más anunciado de la historia argentina.

lunes, 13 de marzo de 2006

ESE ANDRES RIVERA

Por Ernesto Simón

Es, a mi modesto modo de ver, uno de los mejores escritores vivos de habla hispana. Dejo acá, como al descuido, una breve semblanza de Andrés Rivera. El escritor de las heridas abiertas.

Nació en Buenos Aires en 1928. Alguna vez fue obrero textil. Su narrativa contundente muestra una parte de la historia que hasta hoy nos hemos negado a mirar. Leer a Rivera es embarcarse en un viaje placentero y comprometedor. Acaso este escritor sea uno de los más apasionantes narradores vivos que América del Sur pueda ofrecernos. En 1985 obtuvo el Segundo Premio Municipal de Novela con En esta dulce tierra. En 1992 recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela La revolución es un sueño eterno, y en 1993 la Fundación El Libro distinguió La Sierva como el mejor libro publicado en 1992. En Octubre de 1995 recibió el Premio del Club de los XIII por El verdugo en el umbral. Su novela El farmer, sobre los años finales de Juan Manuel de Rosas, permaneció varias semanas entre los libros más vendidos en Argentina en 1996. Actualmente vive en la Ciudad de Córdoba, Argentina. Entre sus obras es preciso señalar Nada que perder, La revolución es un sueño eterno, El amigo de Baudelaire, La sierva, Mitteleuropa, El farmer, La lenta velocidad del coraje, Hay que matar, Ese Manco Paz, Cría de asesinos y su última novela Esto por ahora. Por estos días he vuelto a Andrés, como quien vuelve a visitar a su viejo maestro. En su novela, Esto por ahora, de nuevo me sorprende en la literatura ese brillo poderoso de las cosas vivas que se siguen transfigurando, pero que nunca dejaron de ser la vida; salvaje, vengativa, fatal, la vida en sí, y eso es todo.

Ha sabido usar el recurso que algunas llaman "aliteración" como nadie. Su martilleo es poderoso y perturbador. Es cruel. Porque va zanjando el pecho del lector con frases contundentes y lacerantes. y cuando el lector (yo)parece desangrarse, aparece la dulzura tierna del escritor profundo que termina conteniendo el dolor descubierto. Leer a Andrés Rivera, es descubrir el dolor que llevamos adentro y hacerlo salir por esa profunda lastimadura que suelen ser los días.

Fragmentos de su prosa:“¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad? ¿Qué derrotó a la utopía? ¿Porqué, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los días de mayo, traicionan la utopía? ¿Escribo de causas o escribo de efectos? ¿Escribo de efectos y no describo las causas? ¿Escribo de causas y no describo los efectos?”“Escribo la historia de una carencia, no la carencia de una historia. Y ahora escribo: me llamaron -¿importa cuándo?- el orador de la Revolución. Yo, Juan José Castelli, que escribí que un tumor me pudre la lengua, ¿sé, todavía, que una risa larga y trastornada cruje en mi vientre, que hoy es la noche de un día de junio, y que llueve, y que el invierno llega a las puertas de una ciudad que exterminó la utopía pero no su memoria?”

De la novela: La revolución es un sueño eterno.

jueves, 2 de marzo de 2006

Evolución


Sábado a la noche. Una multitud de jóvenes caminan por la Avenida Libertador a la altura de los bares. Son tres o cuatro cuadras en las que no cabe ni un solo pub más. De visita en la ciudad, el hombre de unos setenta años decide caminar por la zona. Se pone los antejos oscuros y un gorro de lana. Así no van a reconocerme. Nadie va a reconocerme, piensa.
Camina. Se detiene cada tanto. Escucha. De cada pub sale una música furiosa, distinta, recordada. Entra a uno, Deep Blue resto bar, dice el cartel de la entrada. Ni bien abre la puerta, una ráfaga de rock lo recibe. Una banda formada por pibes de no más de dieciocho años está tocando. “Cada vez que respiras” suena en el ambiente, y no queda espacio en el lugar para otra cosa que no sea esa vieja canción. El hombre escucha unos segundos y se apresura a salir. Maldita civilización, piensa, hace más de cincuenta años que compuse esa canción y la humanidad no ha evolucionado nada.
Sting apresura el paso y decide volver al hotel.

Ernesto Simón, Argentina.
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