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lunes, 24 de diciembre de 2012

ME FUI DE BARES / por Javier del Cerro

(Javier del Cerro y su amigo Adrián Campillay, en Coquimbo, hace unos años, volviendo de bares)

Nací en Coquimbo en el antiguo hospital San Pablo.
Nací en el bar del Casino Minero con mis padres en
Domeyko al norte de Chile.

Creo que un bar puede estar en cualquier parte, en una plaza, un parque, playa, en la escalera de un cerro, en un subterráneo en Coquimbo.

“Me fui de bares” por su estridencia, por tener televisor, por estar lleno sólo de hombres y mujeres atendiendo en calzones. Con poetas en bares de poetas, músicos en bares-casas de músicos, amigos en bar de amigos y con prostitutas en el cerro en un bar de realidad terrible con los ojos puestos en el mar y mi cuerpo excitado y oscuro. En el bar de mi memoria están mis muertos queridos y los muertos prematuros víctimas del poder y el odio.

El bar es la casa, el no lugar o espacio residual de una urbe agobiante. El hospicio del paria sirve de evasión al atribulado.

Un bar lleno de hombres terminales desespera, un bar de babosos repele y a un bar con televisor lo rechazo.

Imagino un bar de otro mundo, otra luz y temperatura, gente extraña e irreconocible, música, variedad de licores, comidas, voces, sonidos del acá y del allá, ebrios alegres o tristes no desesperados y un letrero que diga: “La realidad es una enfermedad provocada por la falta de alcohol” atendido por fantasmas y sin horario.

El bar de Star Wars, el bar de Chinaski, el bar del Teatro Mágico. El bar de Punta de Choros, el Sub de Coquimbo. Lugares consagrados a los sentidos.

Un bar en una playa iluminado por antorchas, velas y una fogata.

Un bar con l@s más lúcidos de mi país, un bar con silencios y los esbirros se aterrorizan. En el bar se sueña, se ríe y piensa y al terrorismo de estado le molesta, porque al bar lo protege la belleza.

En fin, un bar está en la frontera de lo establecido y su esencia es pulsión.

Un bar será la resistencia, el clandestino de un país torpe y arrogante.

Un sueño recurrente tener un bar. El animal metafísico encuentra en el toda la oscuridad y el misticismo que les es somero e inabordable en su casa o lugar de trabajo. En el se conjuga poesía y vida, exceso y delirio.

Recuerdo el bar del Casino Minero en Domeyko al norte de Chile. Un niño se entretiene bebiendo los conchos de las botellas de Pilsener; al rato reía y lloraba al mismo tiempo. Tambaleando entre las mesas y con la sorpresa de mi madre que no entendía que le pasaba al pequeño. De un ala me llevo a la pieza. Un largo sueño y un dolor de cabeza fue mi iniciación.

Siento que los bares están cada vez mas segmentados, hasta en su concepto; pub, resto-bar, lounge, rock-bar, clasic-bar, café-bar. El boliche hoy es un lugar de culto, para gente vieja, desadaptados, estudiantes bucólicos o artistas que buscan donde arreglar el mundo y se resiste a la posmodernidad. Lugares encantadores, que logran reunir a más de una tribu y en su carta aun se pueden encontrar el pan con pernil, el huevo duro con pan amasado, el sándwich de pescado, la pichanga con ají, el consomé de pollo.

Un buen bar se reconoce por sus parroquianos, gente amable y sencilla. Buenos conversadores, por lo general en barrios antiguos. Con recuerdos en sus paredes y botellas polvorientas, fotos de antiguos equipos de futbol, cantantes pasados de moda, actores y actrices olvidados por el celuloide. Barras y mesas de madera, detalles o tallados alucinantes, garzones de otra época y un barman sordo que juega y prende fuego a los tragos más exóticos y recibe los pedidos leyendo los labios o por un improvisado lenguaje de señas.

Un gallo canta en la madrugada en un bar de Santiago. Un pájaro negro y pequeño recoge monedas que brillan en un bar de Coquimbo, un perro acostado bajo la mesa y un caballo afuera de una cantina en Paihuano esperan a su amo. El pide el metro cuadrado, que consiste en una mesa llena de botellas de cervezas chicas o la damajuana, botellón de vino de cinco o diez litros. Con tal dosis luego de unas horas como bulto lo depositan arriba del caballo.

El bar más exótico que recuerdo es uno de la población San Joaquín en Santiago, clandestino de una botillería. Con pocos asientos a la manera de un tren, todos los parroquianos de alguna forma se conocían, no más de quince y una ventana al fondo que daba a una reja y a la línea del ferrocarril. Lo insólito era que en algún momento de la noche empezaba a remecerse y por la ventana veías pasar el tren como una imagen irreal, una alucinación alcohólica o de otro tipo. Imagino en el tren a muchos poetas bebiendo. Un tren bar al sur de Chile, un avión bar rumbo a tierras lejanas o barco bar zarpando con bates ebrios.

Las vueltas del texto me llevan a suponer que es posible el bar que uno imagina, siempre que la pasión y el ingenio nos jueguen a favor. Reúno todos los sueños de bar en un documental, apoyado por la tecnología, junto bares del norte con bares del sur, bares viejos con otros no tanto y parroquianos atrevidos en hacer del día noche, de las palabras diálogos, de la reunión belleza y creo un bar total lleno de vida.



Jorge Teillier, Juan Diaz y Rolando Cárdenas

Alvaro Ruiz y Rolando Cárdenas



De izquierda a derecha: Adrián Campillay, Javier del Cerro y Raul Kastillo, en tierras de Gabriela Mistral.

lunes, 23 de mayo de 2011

GONZALO ROJAS adiós al relámpago


Texto y selección de poemas a cargo de Tomás Watkins 
(desde Neuquén, epecial para EL MOMO POESÍA)

­
Entonces oí de alguno de mis hermanitos esa palabra: relámpago. Al decir mi hermanito relámpago –ese tetrasílabo esdrújulo-, paré la orejita de niño y me maravilló tanto como si esa palabra contuviera más significado para mí que el ruido, la fiereza, el zumbido y el destello mismo del relámpago. Diríamos que la palabra relámpago me fue más relámpago que el relámpago. En ese momento descubrí el portento de la palabra.
Gonzalo Rojas


Presentación (por Tomás Watkins)

Al no ponerme de acuerdo en cómo encarar la escritura —si con mayor objetividad y centrarme en datos bibliográficos, o más frívolamente y hablar de que nos conocimos—, van unos fragmentos nada cohesionados escritos mientras pasaba el día de su muerte. Yo estaba en Comodoro Rivadavia, cerca del mar.

Gonzalo Rojas (Lebu, 20 de diciembre de 1917 – Santiago, 25 de abril de 2011)

Murió Rojas. Hay un luto joven en mi cara de imbécil. Vivo cerca del poeta que admiro pero nunca fui a visitarlo. Se lo había prometido. Pobre de mí, ahora que nos separa su muerte o mi vida.
Lo siento reír y me encuentro más muerto que él.

[…]

Escribir no es decir, acto estúpido de tocar al otro. Escribir es trabajar con luz y con talento sobre lo que se deja ver de las palabras. ¡Rojas! Estoy muy triste, maestro.

Mi cabeza está llena de hermosas ideas oscuras. La noche y el viaje se llevan todo, preparan la escena del cambio.

[…]

Comprendo el dilema de la flecha: duele si lo dejo, duele más si tiro. Seré breve: primero, tuve el gusto de conocerlo. Me invitó a su casa y yo quedé en ir. Segundo, me deslumbra. Su poesía me da certero, de lleno, a pleno. Estoy hablando de mí y no de él, ya sé, aunque me tiene sin cuidado. Ahora no me sale escribir sin la euforia que me dan admiración y tristeza.
Viejo Silábico —esdrújulo, como te gustaba—, extiendo tu invitación de leer los diarios de Valery, de tomar la copita de vino, de temblar ante la fuerza de todo.

[…]


Poemas de Gonzalo Rojas


A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro

Bésense en la boca, lésbicas
baudelerianas, árdanse, aliméntense
o no por el tacto rubio de los pelos, largo
a largo el hueso gozoso, vívanse
la una a la otra en la sábana
perversa,
                y
áureas y serpientes ríanse
del vicio en el
encantamiento flexible, total
está lloviendo peste por todas partes de una costa
a otra de la Especie, torrencial
el semen ciego en su granizo mortuorio
del Este lúgubre
al Oeste, a juzgar
por el sonido y la furia del
espectáculo.
                   Así,
equívocas doncellas, húndanse, acéitense
locas de alto a bajo, jueguen
a eso, ábranse al abismo, ciérrense
como dos grandes orquídeas, diástole y sístole
de un mismo espejo.
                                De ustedes
se dirá que amaron la trizadura.
Nadie va a hablar de belleza.




En cuanto a la imaginación de las piedras

En cuanto a la imaginación de las piedras casi todo lo de carácter
          copioso es poco fidedigno:
de lejos sin discusión su preñez animal es otra,
coetáneas de las altísimas no vienen de las estrellas,
su naturaleza no es alquímica sino música,
pocas son palomas, casi todas son bailarinas, de ahí su encanto;
por desfiguradas o selladas, su majestad es la única que comunica
          con la Figura,
pese a su fijeza no son andróginas,
respiran por pulmones y antes de ser lo que son fueron máquinas
          de aire,
consta en libros que entre ellas no hay Himalayas,
ni rameras,
no usan manto y su único vestido es el desollamiento,
son más mar que el mar y han llorado,
aun las más enormes vuelan de noche en todas direcciones y no
          enloquecen,
son ciegas de nacimiento y ven a Dios,
la ventilación es su substancia,
no han leído a Wittgenstein pero saben que se equivoca,
no entierran a sus muertos,
la originalidad en materia de rosas les da asco,
no creen en la inspiración ni comen luciérnagas,
ni en la farsa del humor,
les gusta la poesía con tal que no suene,
no entran en comercio con los aplausos,
cumplen 70 años cada segundo y se ríen de los peces,
lo de los niños en probeta las hace bostezar,
los ejércitos gloriosos les parecen miserables,
odian los aforismos y el derramamiento,
son geómetras y en las orejas llevan aros de platino,
viven del ocio sagrado.




Acorde clásico

Nace de nadie el ritmo, lo echan desnudo y llorando
como el mar, lo mecen las estrellas, se adelgaza
para pasar por el latido precioso
de la sangre, fluye, fulgura
en el mármol de las muchachas, sube
en la majestad de los templos, arde en el número
aciago de las agujas, dice noviembre
detrás de las cortinas, parpadea
en esta página.
 



Al silencio

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.




Carbón

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
-Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.




De la liviandad

Volviendo sobre una línea de Cortázar, las mujeres
cómo recaen. Man Ray
hizo la foto: lomo largo
con todas las vértebras preciosas a la vista y ella cayendo
flexible en el encantamiento, flaca
la pelirroja, lista
para la otra pasarela del placer, los tirantes
por allá, las medias disparadas, y algo más lejos
en la otra punta de la alfombra los dos
zapatos altísimos sin nadie muertos de amor, tristísimos
y viudísimos de ella pidiéndole frenéticos que no,
que su cuerpo blanco no, que no se entregue
a la usurpación, que vuelva
como en el tango, que
no. -Cierren
finas las cortinas.




Los letrados

Lo prostituyen todo
con su ánimo gastado en circunloquios.
Lo explican todo. Monologan
como máquinas llenas de aceite.
Lo manchan todo con su baba metafísica.

Yo los quisiera ver en los mares del sur
una noche de viento real, con la cabeza
vaciada en el frío, oliendo
la soledad del mundo,
sin luna,
sin explicación posible,
fumando en el terror del desamparo




Orquídea en el gentío

Bonito el color del pelo de esta señorita, bonito el olor
a abeja de su zumbido, bonita la calle,
bonitos los pies de lujo bajo los dos
zapatos áureos, bonito el maquillaje
de las pestañas a las uñas, lo fluvial
de sus arterias espléndidas, bonita la physis
y la metaphysis de la ondulación, bonito el metro
setenta de la armazón, bonito el pacto
entre hueso y piel, bonito el volumen
de la madre que la urdió flexible y la
durmió esos nueve meses, bonito el ocio
animal que anda en ella.




Tabla de aire

Consideremos que la imaginación fuera una invención
como lo es, que esta gran casa de aire
llamada Tierra fuera una invención, que este espejo quebradizo
y salobre ideado a nuestra imagen y semejanza llegara
más lejos y fuera la
invención de la invención, que mi madre
muerta y sagrada una invención rodeada de lirios,
que cuanta agua
anda en los océanos y discurre
secreta desde la honda
y bellísima materia vertiente fuera una invención,
que la respiración más que soga y asfixia fuera
una invención, que el cine y todas las estrellas, que la música,
que el coraje y el martirio, que la Revolución
fuera una invención, que esta misma
tabla de aire en la que escribo no fuera sino invención
y escribiera sola estas palabras.




Almohada de Quevedo

Cerca que véote la mi muerte, cerca que te oigo
por entre las tablas urgentes, que te palpo
y olfatéote con los gallos, cuadernas
y sogas para la embarcación, cerca
nerviosa mía que me aleteas y me andas
desnuda por el seso y
yo ácido
en el ejercicio del reino
que no reiné, feo
como es todo el espectáculo
éste del alambre
al sentido,
                 la composición
pendular.
Feo que el cuerpo tenga que envejecer
para volar de amanecida con esos trémolos
pavorosos, vaca
la hueca bóveda de zafiro, ¿qué haremos mi
perdedora tan alto
por allá?, ¿otra casa
de palo precioso para morar alerce, mármol
morar, aluminio; o no habrá
ocasión comparable a esta máquina
de dormir y velar limpias las
sábanas, lúcido
el portento?
Tórtola occipital, costumbre de ti, no me duele
que respires de mí, ni me hurtes
el aire: amo tu arrullo;
ni exíjote número ni hora exíjote, tan cerca
como vas y vienes viniendo a mí desde
que nos nacimos obstinados los dos en nuestras dos
niñeces cuya trama es una sola filmación, un
mismo cauterio: tú el vidrio,
la persona yo del espejo.
                                       Parca,
mudanza de marfil.




Por vallejo

Ya todo estaba escrito cuando Vallejo dijo: -Todavía.
Y le arrancó esta pluma al viejo cóndor
del énfasis. El tiempo es todavía,
la rosa es todavía y aunque pase el verano, y las estrellas
de todos los veranos, el hombre es todavía.

Nada pasó. Pero alguien que se llamaba César en peruano
y en piedra más que piedra, dio en la cumbre
del oxígeno hermoso. Las raíces
lo siguieron sangrientas cada día más lúcido. Lo fueron
secando, y ni París pudo salvarle el hueso ni el martirio.

Ninguno fue tan hondo por las médulas vivas del origen
ni nos habló en la música que decimos América
porque éste únicamente sacó el ser de la piedra más oscura
cuando nos vio la suerte debajo de las olas
en el vacío de la mano.
Cada cual su Vallejo doloroso y gozoso.
No en París
donde lloré por su alma, no en la nube violenta
que me dio a diez mil metros la certeza terrestre de su rostro
sobre la nieve libre, sino en esto
de respirar la espina mortal, estoy seguro
del que baja y me dice: -Todavía.




Desocupado lector

Cumplo con informar a usted que últimamente todo es herida: la muchacha
es herida, el olor
a su hermosura es herida, las grandes aves negras, la inmediatez
de lo real y lo irreal tramados en el fulgor de un mismo espejo
gemidor es herida, el siete, el tres, todo, cualquiera de estos
números de la danza es
herida, la barca
del encantamiento con Maimónides al timón es herida, aquel
diciembre 20 que me cortaron de mi madre es herida, el sol
es herida, Nuestro Señor
sentado ahí entre los mendigos con esa túnica irreconocible por el cauterio del psicoanálisis es herida, el
Quijote
a secas es herida, el ventarrón
abierto del Golfo contra la roca alta es
herida, serpiente
horadante del Principio, mar
y más mar de un lado a otro, Kierkegaard y
más Kierkegaard, taladro
y por añadidura herida; la
preñez en cuanto preñez en la preciosidad de su copa es
herida, el ocio
del viejo río intacto donde duermen inmóviles los mismos peces
velocísimos es
herida, la Poesía
grabada a fuego en los microsurcos de mi cerebro de niño es herida, el hueco
de 1.67 justo en metros de rey es herida, el éxtasis
de estar aquí hablando solo en lo bellísimo de este pensamiento de
nieve es
herida, la evaporación
de la fecha de mármol con el padre adentro
bajo los claveles es
herida, el carrusel
pintarrajeado que fluye y fluye como otro río de polvo y otras
máscaras
que vi en Pekín colgando en la vieja calle de Cha Ta-lá
cuya identidad comercial de 2.500 años de droga y ataúdes rientes
no se discute, es
herida; la cama en fin
que allí compré, con dos espejos para navegar, es herida,
la
perversión
de la palabra nadie que sopla desde las galaxias es herida, el Mundo
antes y después de los Urales es
herida, la hilera
de líneas sin ocurrencia de esta visión
sin resurrección es herida. Cumplo
entonces con informar a usted que últimamente todo es herida.




Materia de testamento

A mi padre, como corresponde, de Coquimbo a Lebu, todo el mar,
a mi madre la rotación de la Tierra,
al asma de Abraham Pizarro aunque no se me entienda un tren de humo,
a don Héctor el apellido May que le robaron,
a Débora su mujer el tercero día de las rosas,
a mis 5 hermanas la resurrección de las estrellas,
a Vallejo que no llega, la mesa puesta con un solo servicio,
a mi hermano Jacinto, el mejor de los conciertos,
al Torreón del Renegado donde no estoy nunca: Dios,
a mi infancia, ese potro colorado,
a la adolescencia, el abismo,
a Juan Rojas, un pez pescado en el remolino con su paciencia de santo,
a las mariposas los alerzales del sur,
a Hilda, l'amour fou, y ella está ahí durmiendo,
a Rodrigo Tomás mi primogénito el número áureo del coraje y el alumbramiento,
a Concepción un espejo roto,
a Gonzalo hijo el salto de la Poesía por encima de mi cabeza,
a Catalina y Valentina las bodas con hermosura y espero que me inviten,
a Valparaíso esa lágrima,
a mi Alonso de 12 años el nuevo automóvil siglo veintiuno listo para el vuelo,
a Santiago de Chile con sus 5 millones la mitología que le falta,
al año 73 la mierda,
al que calla y por lo visto otorga el Premio Nacional,
al exilio un par de zapatos sucios y un traje baleado,
a la nieve manchada con nuestra sangre otro Nüremberg,
a los desaparecidos la grandeza de haber sido hombres en el suplicio y haber muerto cantando,
al Lago Choshuenco la copa púrpura de sus aguas,
a las 300 a la vez, el riesgo,
a las adivinas, su esbeltez
a la calle 42 de New York City el paraíso,
a Wall Street un dólar cincuenta,
a la torrencialidad de estos días, nada,
a los vecinos con ese perro que no me deja dormir, ninguna cosa,
a los 200 mineros de El Orito a quienes enseñé a leer en el silabario de Heráclito, el encantamiento,
a Apollinaire la llave del infinito que le dejó Huidobro,
al surrealismo, él mismo,
a Buñuel el papel de rey que se sabía de memoria,
a la enumeración caótica el hastío,
a la Muerte un crucifijo grande de latón.




Epitafio

Se dirá en el adiós que amé los pájaros salvajes, el aullido
cerrado ahí, tersa la tabla
de no morir, las flores:
                                                                           aquí yace
Gonzalo cuando el viento,
y unas pobres mujeres lo lloraron.



viernes, 6 de mayo de 2011

Jorge Teillier NOSTALGIAS DEL FAR WEST y otros poemas


El poeta Jorge Teillier (Chile 1935 / 1996)

NOSTALGIAS DEL FAR WEST
a Mary Crow

No soy un General activo ni en retiro
y sólo he sentido silbar balas en mis oídos
en las matinees de los miércoles y domingos
en el Teatro Real del pueblo.

Allí aprendí que la justicia se hacía al margen de la Ley,
que estaba a cargo de Tom Mix, o Shane el Desconocido
Al final los pillos, los malos y los delatores
serían castigados
y el jovencito se casaría con la niña.

Añoro los grandes espacios-trigales de las llanuras,
en estos valles estrechos y áridos
"donde el silencio se amortaja como si estuviera muerto"
y me llama la sirena de un bar de Tucson o Fort Collins.

No me gusta Bufalo Bill, torpe cazador de bisontes,
que vendió a Calamity Jane como artista de circo.
Estoy al lado de Sitting Bull y Crazy Horse
que decía que todos los blancos estaban locos
tan locos como Custer que murió con las botas puestas
junto a su regimiento de asesinos de niños y mujeres
no sin antes pedirle un dia de tregua a los Sioux para escapar.

Nostalgias del Far West. Nostalgias de Globe-Trotters y de los pioneros.
Saludo a los Hermanos Clayton y Doc Holiday
el mejor pistolero y dentista del O.K. Corral.
Estoy donde Don Rocha frente a un vaso de whisky.
Si, nostalgias del Far West, nostalgia de rebaños
y trigales infinitos, de lunas azules y de un tiempo sin tiempo.


BAJO UN VIEJO TECHO

Esta noche duermo bajo un viejo techo,
los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo,
y el niño que hay en mí renace en mi sueño,
aspira de nuevo el olor de los muebles de roble,
y mira lleno de miedo hacia la ventana,
pues sabe que ninguna estrella resucita.

Esa noche oí caer las nueces desde el nogal,
escuché los consejos del reloj de péndulo,
supe que el viento vuelca una copa del cielo,
que las sombras se extienden
y la tierra las bebe sin amarlas,
pero el árbol de mi sueño sólo daba hojas verdes
que maduraban en la mañana con el canto del gallo.

Esta noche duermo bajo un viejo techo,
los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo,
pero sé que no hay mañanas y no hay cantos de gallos,
abro los ojos, para no ver reseco el árbol de mis sueños,
y bajo él, la muerte que me tiende la mano.







LA TIERRA DE LA NOCHE
"Abrir una ventana es como abrirse una vena".
B. Pasternak.

No hablemos.
Es mejor abrir las ventanas mudas
desde la muerte de la hermana mayor.
La voz de la hierba hace callar la noche:
"Hace un mes no llueve."
Nidos vacíos caen desde la enredadera marchita.
Los cerezos se apagan como añejas canciones.
Este mes será de los muertos.
Este mes será del espectro
de la luna de verano.
Sigue brillando, luna de verano.
Reviven los escalones de piedra
gastados por los pasos de los antepasados.
Los murciélagos chillan alegremente
entre los muros ruinosos de la Cervecería.
El azadón roto
aún espera tierra fresca de nuevas fosas.
Y nosotros no debemos hablar
cuando la luna brilla
más blanca y despiadada que los huesos de los muertos.
Sigue brillando, luna de verano.



CUANDO TODOS SE VAYAN
A Eduardo Molina.

Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.



DESPEDIDA
...el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas.
Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las Virtudes y de las Gracias del planeta:
Los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino,
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas que se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños
iluminado por la triste mirada
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto -

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.





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Pág. principal EL OJO DEL SUR
EL SODEADO

lunes, 7 de diciembre de 2009

LA PIEDRA DE LA LOCURA / poesía chilena

TEXTOS PUBLICADOS EN LA BIBLIOTECA DEL BLOG ahoraloentiendotodo DEL POETA ADRIAN SALAS.


CARLOS HERNÁNDEZ (Chile)
RIMA CONTRA RIMA


La rima cansa y aburre
unos cantan otros sudan
nada se me ocurre
ni la animita o la santa ayudan.

hay ideas y opiniones, ningún entendimiento
otros no se espantan ni se urgen
mas, no faltan los que en cualquier momento
con discursos nuevos surgen.

La rima aburre tanta rima
y si bien no se utiliza; encima
viene un señor de grises aspavientos
a decir que si no rima se lo lleva el viento.




PATRICIO SEREY (Chile)
TAMBIÉN ESCRIBO

No pienso en mí cuando escribo
De corto o largo o aliento,
más bien ahogado
Tampoco pienso en el gusano
Ni en mi vecina tetona
Que se asoma cada vez
Que llego pasado una hora decente
Tampoco pienso en poetas
O escritores
En alguna obra concreta
Soy más bien un tipo eclético
Me acomodo
Tomo lo que me conviene
(que puede ser todo lo anterior)
No crean que no tengo opinión
La tengo, pero me la guardo
No sé quién soy en realidad
Pero tampoco sé quiénes son ustedes
Cuando hablo de ustedes
No se me viene ningún rostro a la mente
Mi mente está generalmente ocupada
En ideas que dan vueltas como un
Montón de calzoncillos en una lavadora.
A veces pienso en mis órganos
Si estarán sanos o necesitan
Un buen aseo, una pasadita de plumero
En el fondo sólo escribo. Alguien
Respondió a esta pregunta con un "porque sí",
O porque es la única manera de estar vivo
Buena respuesta para desatar tronaduras o salir
del paso
Pero el tema, creo, es más profundo que eso
No ser un pajarito
(y esto no es metáfora es más bien eufemismo)
O tal vez sí, por lo libre digo
Libre en estos tiempos
Nadie usa esta palabra sin esbozar una
Sonrisa irónica, o eructar y terminar cgagándose
De la risa
Quizá muy joven para saber por qué
Quizá muy viejo para cuestionárselo
El tema es que yo también escribo
Cuando puedo y, cuando no, también escribo.
 



CAMILO MURÓ (Chile)
NADA DE LA TREMENDA BOCANADA

Nada aun tiene forma en lo escrito
como nada en la opereta satírica
que el tiempo maneja en nosotros.

Abastecer de colisas el territorio puede no ser más
que un impulso sobre la potestad
que siguiendo el emigrar desesperado
se aferra duro a los alambres
con la decisión
de que huya su pequeño
ya tremendamente agotado.

A ningún guerrero de estos,
los dotados con el dedo del cesar
se les incinerará sobre la embarcación al siempre jamás

Esta tarea en su fin
la tachará solamente la maestra
junto al bobalicón dé las trenzas laureadas.

Este fin en su premonición
abandonará, como se puede ver
la empresa del hedor
con su gran patrón de fundo alborotado

(Este torpe guerrero aposentado sobre la barca
será inútil como la forma de sus escritos).

En la hervidura de su asiento
la maestría taciturna resolverá
con la sangría de su pluma de ganso
el devenir que calibre sin idioteces /
la palabra de tanto transeúnte.

y ellos como letras desesperadas
cada vez mas ciegas
resumirán sobre el papel
la peste de sus caudillos
bajo el dictado fétido de sus psiquis.

un desasosiego en definitiva
arrebatado por no poder hacerlo
ni tragar en el respiro nada
de la tremenda bocanada.



......
Textos públicado en la revista La Piedra De La Locura
edición verano del 2006/ Nº 7

viernes, 23 de junio de 2006

RAMON RUBINA / Ovalle, CHILE


Poemas extraídos del libro:
NINGUN ANGEL LLORÓ EN LA PALMA DE MI MANO

ECLIPSE

Digan lo que quieran
De esta situación:
Niéguenla,
Muérdanla,
Que se pudra como un tomate,
Exhíbanla desnuda
En una plaza
O como un toro
Mátenla a la luz de la luna.

Qué hacer
Si de una axila
Nacen docenas de pájaros.
Y la otra es un nido
De culebras?

¡Ay! Yo no sé;
pero duele mucho el corazón.

Y cuando uno se come
Una manzana,
O escucha caer un huevo
Del cielo,
Hay que pedir perdón
En cuatro patas.


TRABALENGUA

¿A dónde van nuestros sueños
Cuando nos desensoñamos
Y sólo queda la tumba
Para que nos entumbemos?

Y cuando nos entumban:
Será verdad verdadera,
O purísimo gusano,
Que nos desentumbamos
Y de ese desensueño
Ahí nos desengusanamos?

Contésteme el contestador,
El que se desentumbó
Un día para este lado,
Volviendo del desensueño
Al sueño desengusanado
Y deje mi trabafé
Completamente desentrabado.


TENGO LOS OJOS NUBLADOS

No pude volar en este día,
Arrastrando se ha ido la semana;
Me sangran los ojos y las dudas,
Me caen insectos de la espalda.

El cielo no abre su ventana,
Me pierdo entre nichos y escaleras;
Caen raíces de las nubes,
Confundo la altura con la arena.

¿Estos son ángeles o moscas?
¿Me cubro de plumas o escamas?
¿Soy paralítico o camino?
¿Escribí un poema o una lápida?


AQUÍ SE CUMPLE MI ESCRITURA

No es nieve esta página,
No es agua crepitando,
No es una nube sobre los árboles
Ni la transparente sombra de un pájaro.

Es un muro donde vuelan ángeles feroces,
Con espadas de fuego y lenguas de azufre,
Y perros que orinan sangre en mis ojos
Cuando me acerco a escribir la palabra Paraíso.

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