El escritor Thomas Mann (1875 – 1955)
- Eso se
debe - respondió José - a que el espíritu es como el mensajero que va y viene,
como el mediador entre la luna y el sol, entre Shamash y Sin, cuyo poder se
ejerce sobre el cuerpo y las facultades sensitivas del hombre. Así me lo dijo
Eliécer, tu prudente servidor, cuando me enseñó la ciencia de los astros y me
habló de sus encuentros, de su influencia sobre las horas, según sus recíprocas
relaciones; y estableció el tema de mi natividad en Carán de Mesopotamia, en el
mes de Tammuz, al mediodía, cuando Shamash estaba en el cenit y en el signo de
Géminis y subía por oriente el signo de la Virgen.
Elevó la
mirada y señalando con el dedo las constelaciones, una de las cuales declinaba
hacia el oeste y la otra comenzaba, entonces, como otrora, su ascensión hacia
el este, continuó:
- Es un
signo de Nabu, mi padrecito debe saberlo, un signo de Tot el Escriba, a quien
se deben las tablillas; dios ligero, ágil, que sirve de conciliador y favorece
los cambios. También el sol se hallaba en el signo de Nabu, señor de la hora,
que realizaba su conjunción con el astro lunar; encuentro beneficioso para él,
si creemos a los sacerdotes y los astrólogos, pues su malicia se disminuyó y su
corazón fue enternecido. Pero Nabu, el mediador, se encontró en oposición con Nergal,
el zorro, fomentador de la desdicha, que lo marcó fuertemente con su huella e
imprimió su soberanía con el sello del destino. Y lo mismo con Ishtar; en ella
se reparten la mesura y la gracia, el amor y la clemencia; llegaba ella al
cenit a esa misma hora, y cambiaba miradas amistosas con Sin y Nabu. También
ella se hallaba en el signo del Toro, y la experiencia nos enseña que de ahí
viene la moderación, un valor perseverante y un espíritu jovial. Pero asimismo,
nos cuenta Eliécer, estaba en trígono con Nergal en el Capricornio. Y Eliécer
se alegraba porque su suavidad no fue maltratada, sino que, al contrario, tomó
de miel virgen, impregnada del olor de las praderas. La luna estaba en el signo
de Cáncer, el suyo, y todos los intérpretes también estaban, si no en su propia
casa, a lo menos en otra, en la de un amigo. Que venga Nabu, el Prudente, a
encontrar a la luna, y el mundo verá cumplirse grandes cosas. Y si el sol, como
en aquella hora, está en trígono con Ninurti, el Guerrero y el Cazador, es indicio
de una futura participación en los acontecimientos de la tierra, un anuncio de
que se obtendrá una parcela de soberanía. El horóscopo rectamente interpretado
no hubiera sido, pues, desfavorable, si la tontería de este niño desairado no
hubiera venido a echarlo todo a perder.
- Hem -
murmuró el viejo, pasando con cuidado la mano por la cabellera de José y
mirando de reojo -. Eso depende del Señor, que dirige los astros. Pero los
presagios que por medio de ellos envía no tienen siempre el mismo sentido. Si
tú hubieras sido el hijo de algún grande y poderoso de la tierra, quizá te
hubieran inducido a que tomases parte en el gobierno y en la administración de
los estados. Pero tú no eres más que un pastor, hijo de pastor, y claro está
que la interpretación ha de ser diferente y llevada a menor escala. Mas ¿qué
decías a propósito del mensajero semejante al espíritu que va y viene?
- En eso
estoy - respondió José - y hacia eso se encamina mi discurso. La bendición de
mi padre era el sol que, cuando yo nací, se hallaba en el cenit y con sus rayos
dirigidos hacia Marduck en la Balanza y Ninurti en el undécimo signo. Además,
estuvieron allí los rayos que intercambiaban esos dos paternales intérpretes,
el rey y el guerrero armado. ¡Poderosa bendición! Pero que mi señor se digne
considerar cuan potente era también la que me vino de mi madre y de la luna,
que ocupaba las fuertes posiciones de Sin y de Ishtar. Entonces fue, sin duda,
cuando se engendró mi buen humor, en la oposición entre Nabu y Nergal, entre el
Escriba predominante y la cruda luz del bribón que retrocedía hacia
Capricornio. Fue creado para servir de intermediario entre la fuerza solar y la
fuerza lunar y de conciliar alegremente las bendiciones del día y de la
noche...
Se
interrumpió, en una sonrisa un tanto crispada; Jacob, situado un poco más
arriba y más atrás que él, no lo veía, y dijo:
- El
anciano Eliécer está lleno de experiencia y considerablemente instruido en
múltiples conocimientos; puede, por decirlo así, descifrar las piedras de la
época del Diluvio; te ha enseñado también numerosas verdades respetables sobre
los comienzos, los orígenes y otras nociones útiles que es necesario conocer en
este mundo. Pero hay ciertas cosas de las cuales no se sabría decir con
precisión si deben figurar entre los conocimientos útiles y verdaderos; mi
corazón titubea y me pregunto si hizo bien al instruirte en el arte le los
astrólogos y los magos de Sinear. Creo que la cabeza de mi hijo es digna de
contener todo el saber humano; pero, por mi parte, ignoraba que nuestros padres
hubieran leído jamás en los astros, ni que Dios hubiera ordenado a Adán
hacerlo. Y estoy lleno de angustia y de duda, preguntándome si no hay debajo de
eso un culto rendido a las estrellas, tal vez una abominación a los ojos del
Señor, algo diabólico, a medio camino entre la piedad y la idolatría.
Triste,
sacudió la cabeza, vuelto a dominar por su más íntima preocupación del bien y
de la impenetrabilidad de los designios del Señor.
- Muchas
cosas se prestan a duda - respondió José (si lo que enunció puede ser tomado
por respuesta) -. Por ejemplo, ¿es la noche la que oculta al día o es el día el
que abriga a la noche? Sería importante determinarlo. He reflexionado sobre
esto con frecuencia, en los campos o en la cabaña, y cuando llegaba a la
certidumbre, sacaba de ella deducciones sobre las virtudes de la bendición
solar y la bendición lunar, así como acerca de la belleza de las herencias
paterna y materna. Pues mi madrecita, cuyas mejillas tenían el perfume de los
pétalos de rosa, descendió en la noche en el momento que nacía mi hermano, el
que aún está bajo la tienda, con las mujeres; ella quiso, al morir, llamarle
Benoni, porque ya se sabe que Osiris, el hijo preferido del Sol, rey del mundo
infernal, eligió su domicilio en On, del país del Egipto. Pero tú nombraste al
chicuelo Benjamín, para proclamar que era hijo de la Recta y de la Mejor-Amada,
y también es ése un hermoso nombre. Yo no te obedezco siempre, y a veces llamo
Benoni a mi hermano, y él oye a gusto este nombre, porque sabe que Mami, cuando
desapareció, quería que así se le nombrase. Ahora ella está en la noche, nos
ama desde el fondo de la noche, al pequeño y a mí, y su bendición nos la
transmiten la luna y las profundidades. ¿No ha oído hablar, mi señor, de los
dos árboles del Jardín del Mundo? Uno de ellos produce el aceite con el cual
son untados los reyes de la tierra, a fin de que vivan; el otro da el higo
verde y rosado, lleno de dulces granillos, y el que come de él debe morir. Adán
y Eva se ciñeron con sus anchas hojas las cinturas, para ocultar su vergüenza.
Habían adquirido el conocimiento durante la luna llena del solsticio de verano,
cuando ya no le quedaba más que declinar y desaparecer. El aceite y el vino son
sagrados para el sol. ¡Dichosos aquellos cuyas frentes chorrean aceite y cuyos
ojos brillan, ebrios de vino bermejo! Porque sus límpidas palabras serán para
los pueblos una risa y un consuelo y les será dado un carnero en el zarzal para
inmolarlo al Señor, en vez del primogénito, y así se curarán de la angustia y
el tormento. Pero el dulce fruto de la higuera es sagrado para la luna; feliz
el que, desde el fondo de la noche, es nutrido por mi madrecita con su propia
carne, pues él crecerá como al borde de un manantial y su alma hundirá sus
raíces hasta el sitio donde las fuentes manan, su palabra será viva y gozosa
como el seno de la tierra, y el espíritu de profecía habitará en él.
¿Hablaba?
Más bien cuchicheaba; era un espectáculo conmovedor, como un poco antes que su
padre se le acercara. Sus hombros se convulsionaban y temblaban sus manos
apoyadas en sus rodillas; aunque sonreía, sus pupilas vueltas no dejaban ver
más que el blanco de los ojos. Jacob no advertía esto; pero le escuchaba.
Inclinándose hacia él, con un circunspecto ademán de protección, mantuvo sus
manos en el aire, encima de la cabeza del mozo, luego puso la izquierda sobre
su cabellera, lo que produjo un descanso en el estado de José; y mientras que
su mano derecha buscaba la mano derecha del muchacho apoyado en sus rodillas,
dijo con una confianza reticente:
- Escucha,
Yachup, hijo mío, lo que voy a preguntarte; mi corazón está preocupado por los
ganados y la prosperidad de los rebaños. Las primeras lluvias han sido
agradables y aun han caído antes del invierno. No fue un desgarrarse de nubes
inundando los campos y llenando solamente los pozos de los nómadas, sino una
suave y fina lluvia, beneficiosa para las praderas. Sin embargo, el invierno ha
sido seco y el mar se ha negado a enviarnos la dulzura de su hálito. Soplaron
los vientos de la estepa y del desierto y el cielo estaba claro, una alegría
para los ojos y un cuidado para el corazón. Desdicha será si las lluvias del
otoño no caen tampoco, pues se perderán las semillas del labrador y las mieses
del campesino; la yerba se secará antes de tiempo, los ganados no hallarán
dónde pacer y las tetas de las hembras penderán flaccidas. Dígame, mi niño, lo
que piensa del viento, y sus previsiones respecto al tiempo; qué opina sobre
esto: ¿caerán las postreras lluvias antes que sea demasiado tarde?
Se inclinó
más hacia José, volvió el rostro y puso la oreja junto a la joven cabeza.
- Escuchas
mis palabras, inclinado sobre mí - dijo José, aunque no lo miraba. -; pero el
niño escucha de más lejos, lo que pasa afuera y dentro, para recibir y
transmitirte las informaciones y las noticias. Mi oído percibe el temblor de
una gota que cae de las ramas y una lluvia fina sobre las vastas extensiones,
aunque la luna sea de una claridad absoluta y el viento sople desde Galaad. No
obstante, esa lluvia no es para el momento actual, sino para un instante que se
acerca; y mi nariz la husmea con certidumbre: antes que la luna de Nisán haya
decrecido en un cuarto, la tierra será fecundada por las aguas viriles del
cielo; exhalará humos y vapores de alegría, lo presiento, y los pastizales
estarán cuajados de corderos y los campos apretados de espigas, y habrá júbilo
y canciones. Me han dicho y ensañado que, en los orígenes, la tierra estaba
regada por el torrente Tavi, que partiendo de Babel la regaba una vez cada
cuarenta años. Pero el Señor decidió después que la tierra fuera saciada en su
sed por el cielo, por cuatro motivos, y uno de ellos es que así todos los ojos
estarían obligados a elevarse. Dirigimos, pues, las miradas de gratitud hacia
el cielo del Trono, donde se elabora el tiempo y donde están las cavernas de
los tiburones y las tempestades, tales como las vi ayer en sueños, mientras
dormitaba bajo el árbol del conocimiento. Un querubín llamado Jofiel me condujo
de la mano por aquellas alturas, para que mirara en torno mío y tuviera una
noción de los lugares. Y he visto los antros llenos de vapores, con sus puertas
de fuego, y oí a obreros afanados decirse entre ellos: "Hemos recibido una
orden respecto a la fiesta del cielo y de las nubes: Mirad, la aridez reina en
el país del oeste y la sequía sobre la llanura y los pastos de la meseta. Hay
que tomar medidas para que llueva lo antes posible sobre el país de los
amoritas, de los amonitas y de los fereceos, de los madianitas, hevianos y
jebuseos y, en particular, sobre la región de Hebrón, a la altura de la línea
del reparto de aguas, en el mismo lugar donde mi hijo Jacob, que lleva el
título de Israel, apacienta sus rebaños innumerables." Soñé todo esto con
una claridad que no admite chanzas, y como sucedió bajo el árbol, mi señor
puede estar seguro en lo referente al refrigerio del suelo.
- Alabados
sean los Elohím - dijo el anciano -. Habrá que escoger nuevas reses para el
sacrificio y celebraremos un banquete ante ellos; quemaremos las entrañas con
incienso y miel para que se verifiquen tus palabras. Pues temeré que los
ciudadanos y los campesinos lo echen todo a perder con uno de esos sacrificios
a su manera; querrán organizar una orgía para honrar a los Baal, y una fiesta
de emparejamiento, al son de címbalos y con grandes gritos en honor de la
fecundidad. Hermoso es que mi muchacho sea favorecido con sueños; esto sucede
porque es el primer hijo que tuve de la Recta y de la Mejor-Amada. A mí
también, en mi juventud, me fue concedida la gracia de grandes revelaciones, y
cuando partí contra mi voluntad de Beer-Sheba y, mal de mi grado, fui empujado
hacia los lugares y los contornos fatídicos, lo que vi iguala a lo que te ha
sido descubierto. Te amo, porque me has reconfortado en lo referente a la
sequía; pero no digas a nadie que los sueños te visitan bajo el árbol; no lo
digas a los hijos de Lía, como tampoco se lo dirías a los hijos de las
sirvientas, pues podrían encelarse por este don especial.
- Pongo la
mano bajo tu muslo... - respondió José -. Tu orden me sella los labios. Ya me
doy cuenta de que soy charlatán; pero, cuando la razón lo exige, puedo
dominarme; me costará tanto menos trabajo cuanto que mis visioncillas no
merecen ser comparadas con aquella con que fue recompensado mi señor en el
lugar que llaman Luz, cuando los mensajeros subían y bajaban de la tierra a las
puertas del cielo, cuando Elohím se reveló a él.
José y sus
hermanos, Tomo I: Las historias de Jacob
Traducción
de José María Souviron
Editorial
Aldus S. A.
México,
1993
Tomado de:
http://bibliotecaignoria.blogspot.com