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sábado, 13 de abril de 2013

FEDERICO ARAYA

 
ECUACIÓN
 
hubo una marcha
en contra de gays
lesbianas y demás
 
en toda la ciudad
vi gente marchar
sosteniendo pancartas
a favor de una familia tipo
común
natural
 
y cuando vi un cartel que decía
mamá+papá=hijo feliz
un cartel que una prolija familia levantaba
como bandera de probidad
recordé a mi abuela
muerta hace años
 
mi abuela
madre soltera en 1944
abrasada por el sol
desde la mañana hasta la oración
en los paseros
con la panza llena
de hijo
 
mi abuela atormentada
porque las banderas que la iglesia izó
en los campos de concentración del tiempo
la dejaban afuera
a ella
a su hijo
 
mi abuela yendo a misa cada domingo
para que cristo y los del barrio
la perdonaran
madre soltera abandonada
 
veo ese cartel
esa ecuación totalitaria
flameando en el cielo de los milagros
consensuados
 
es mejor que haya muerto hace años
antes de ver esa marcha en contra
de otras formas de existencia
de supervivencia
en contra de ella
de su hijo
en contra de los adobes que apiló
al costado del canal
para tener una casa
con pozo con tinaja y filtro
 
agua fresca
a las seis de la mañana
antes de ir a diñarla
en los paseros del sol.
 
 

lunes, 24 de diciembre de 2012

ME FUI DE BARES / por Javier del Cerro

(Javier del Cerro y su amigo Adrián Campillay, en Coquimbo, hace unos años, volviendo de bares)

Nací en Coquimbo en el antiguo hospital San Pablo.
Nací en el bar del Casino Minero con mis padres en
Domeyko al norte de Chile.

Creo que un bar puede estar en cualquier parte, en una plaza, un parque, playa, en la escalera de un cerro, en un subterráneo en Coquimbo.

“Me fui de bares” por su estridencia, por tener televisor, por estar lleno sólo de hombres y mujeres atendiendo en calzones. Con poetas en bares de poetas, músicos en bares-casas de músicos, amigos en bar de amigos y con prostitutas en el cerro en un bar de realidad terrible con los ojos puestos en el mar y mi cuerpo excitado y oscuro. En el bar de mi memoria están mis muertos queridos y los muertos prematuros víctimas del poder y el odio.

El bar es la casa, el no lugar o espacio residual de una urbe agobiante. El hospicio del paria sirve de evasión al atribulado.

Un bar lleno de hombres terminales desespera, un bar de babosos repele y a un bar con televisor lo rechazo.

Imagino un bar de otro mundo, otra luz y temperatura, gente extraña e irreconocible, música, variedad de licores, comidas, voces, sonidos del acá y del allá, ebrios alegres o tristes no desesperados y un letrero que diga: “La realidad es una enfermedad provocada por la falta de alcohol” atendido por fantasmas y sin horario.

El bar de Star Wars, el bar de Chinaski, el bar del Teatro Mágico. El bar de Punta de Choros, el Sub de Coquimbo. Lugares consagrados a los sentidos.

Un bar en una playa iluminado por antorchas, velas y una fogata.

Un bar con l@s más lúcidos de mi país, un bar con silencios y los esbirros se aterrorizan. En el bar se sueña, se ríe y piensa y al terrorismo de estado le molesta, porque al bar lo protege la belleza.

En fin, un bar está en la frontera de lo establecido y su esencia es pulsión.

Un bar será la resistencia, el clandestino de un país torpe y arrogante.

Un sueño recurrente tener un bar. El animal metafísico encuentra en el toda la oscuridad y el misticismo que les es somero e inabordable en su casa o lugar de trabajo. En el se conjuga poesía y vida, exceso y delirio.

Recuerdo el bar del Casino Minero en Domeyko al norte de Chile. Un niño se entretiene bebiendo los conchos de las botellas de Pilsener; al rato reía y lloraba al mismo tiempo. Tambaleando entre las mesas y con la sorpresa de mi madre que no entendía que le pasaba al pequeño. De un ala me llevo a la pieza. Un largo sueño y un dolor de cabeza fue mi iniciación.

Siento que los bares están cada vez mas segmentados, hasta en su concepto; pub, resto-bar, lounge, rock-bar, clasic-bar, café-bar. El boliche hoy es un lugar de culto, para gente vieja, desadaptados, estudiantes bucólicos o artistas que buscan donde arreglar el mundo y se resiste a la posmodernidad. Lugares encantadores, que logran reunir a más de una tribu y en su carta aun se pueden encontrar el pan con pernil, el huevo duro con pan amasado, el sándwich de pescado, la pichanga con ají, el consomé de pollo.

Un buen bar se reconoce por sus parroquianos, gente amable y sencilla. Buenos conversadores, por lo general en barrios antiguos. Con recuerdos en sus paredes y botellas polvorientas, fotos de antiguos equipos de futbol, cantantes pasados de moda, actores y actrices olvidados por el celuloide. Barras y mesas de madera, detalles o tallados alucinantes, garzones de otra época y un barman sordo que juega y prende fuego a los tragos más exóticos y recibe los pedidos leyendo los labios o por un improvisado lenguaje de señas.

Un gallo canta en la madrugada en un bar de Santiago. Un pájaro negro y pequeño recoge monedas que brillan en un bar de Coquimbo, un perro acostado bajo la mesa y un caballo afuera de una cantina en Paihuano esperan a su amo. El pide el metro cuadrado, que consiste en una mesa llena de botellas de cervezas chicas o la damajuana, botellón de vino de cinco o diez litros. Con tal dosis luego de unas horas como bulto lo depositan arriba del caballo.

El bar más exótico que recuerdo es uno de la población San Joaquín en Santiago, clandestino de una botillería. Con pocos asientos a la manera de un tren, todos los parroquianos de alguna forma se conocían, no más de quince y una ventana al fondo que daba a una reja y a la línea del ferrocarril. Lo insólito era que en algún momento de la noche empezaba a remecerse y por la ventana veías pasar el tren como una imagen irreal, una alucinación alcohólica o de otro tipo. Imagino en el tren a muchos poetas bebiendo. Un tren bar al sur de Chile, un avión bar rumbo a tierras lejanas o barco bar zarpando con bates ebrios.

Las vueltas del texto me llevan a suponer que es posible el bar que uno imagina, siempre que la pasión y el ingenio nos jueguen a favor. Reúno todos los sueños de bar en un documental, apoyado por la tecnología, junto bares del norte con bares del sur, bares viejos con otros no tanto y parroquianos atrevidos en hacer del día noche, de las palabras diálogos, de la reunión belleza y creo un bar total lleno de vida.



Jorge Teillier, Juan Diaz y Rolando Cárdenas

Alvaro Ruiz y Rolando Cárdenas



De izquierda a derecha: Adrián Campillay, Javier del Cerro y Raul Kastillo, en tierras de Gabriela Mistral.

domingo, 21 de octubre de 2012

PIZARNIK canta desnuda

 Imagen por Ryan McGinley

Cantora nocturna (A. Pizarnik)                              
Joe, macht die Musik von damals nacht...

La que murió de su vestido azul está cantando.
Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.

Adentro de su canción hay un vestido azul, hay
un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado
con los ecos de los latidos de su corazón
muerto.

Expuesta a todas las perdiciones, ella
canta junto a una niña extraviada que es ella:
su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los
ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
la sed y la mano que busca el vaso.

Ella canta.

miércoles, 29 de febrero de 2012

HECTOR URRUSPURU pequeña selección

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(Autorretrato) 

el no dueño de sí mismo
deambula pobre
desnudo
y no hay luna

en las calles del barrio cubista
el que nunca fue dado a nacer llora
por las heridas que no se ha infringido aún
(ah vientres de samurais amados!)
el alma se le torna alcohol de arroz

y ninguna lectura profana lo rescata
y ningún tren sagrado lo lleva a alguna parte
ya no viaja ya no ríe
ya no prende la lámpara marrón

deja (ya su mente en blanco)
que la humana miseria existente
lo doblegue lo curve
lo separe de su signo en el zodíaco

la náusea y su débil pie izquierdo
lo obligan a dormir en un hueco ocre
sobre finales del siglo

está
ahora a la hora dos
húmedo y con fiebre
en la tierra de las pesadillas
allí donde todo es color beige

grita
dormido
las noticias más amarillas
alarido mal vocalizado tiene
vuela espantada un ave nocturna

secuestrado permanece
por los shamanes de la noche
y nunca hay quien lo despierte

piadosamente lo despierte
(la voz de la madre perdida...)
nadie que lo libere le diga:
“hijo... ya está bien ya pasó...”

con los ojos rojos en un sol rojo
mucho más cansado se levanta
siempre!
siempre ha sido peor dormir!

un paño frío se merece su frente

...no lo acunó la luna llena
al vagabundo de las letras
la muerte...
se lo estuvo cojiendo toda la noche.


----------------------------------------------------
la mujer que camina por el prado y va
comiendo lo salvaje que encuentra, y levita

el hombre desnudo que atraviesa la ciudad
y toca, por cábala, todas las vidrieras

el caballo gris de un sueño de príncipes
que lleva una cicatriz de jabalí, en su vientre

... con estas tres imágenes te toco timbre
y vos, las acomodás celestes, sobre la mesa

y les das un órden, y armás, el rompecabezas
de un Mayo mágico, un Mayo indecente

y ahora, se lee en el collage que el poema
no es mío, ni fué nuestro, es... la lluvia final

que lo está diciendo, con tus manos sobre
mis piernas, y con mis ojos, sobre tus lentes.
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...en mi agenda
llevo poemas de Pasolini
que he bajado de Internet
y hojas en blanco / muchas
pienso en mi soledad como una hojarasca

en mi agenda este año
no he escrito tu nombre
y ya comenzé a olvidar tu teléfono
la forma núbil de tu risa

si mi agenda fuera un aeroplano (sueño)
si la viera irse
oscura / ave de muertes /
si no fuera la sombra que es

... “Pasolini murió asesinado”
dice el prólogo en una parte
voy detrás de mi agenda
por la Avda. Corrientes

ahora bebo un café...
factor rh / alergias /
medicamentos contraindicados /
en caso de emergencia comunicar a:...

... sin azucar,
la luz de neón asesta
una puñalada teatral a los solitarios /
miércoles / wednesday / quarta ...

cada vez que se abre la puerta
tu fantasma
vuelve a caminar entre las mesas

“... mozo, un anís...”

anoto en mi agenda:
“pongo una ficha en la rockola,
Vos, bailabas muy bien” /
un largo aullido humedece
la palma de mis manos

dibujo soles eclipsados
los mismos árboles sin hojas sin raíz
escribo y tacho tu nombre diez veces /
diez veces

husos horarios mundiales /
Islamabad GMT + 5 h. 30 m.
unidades de medición /
“tengo el alma sin feriados” anoto

y ya he leído “Cenizas de Gramsci”
sus 6 cantos / 6 veces
y ahora me voy /
la agenda es un péndulo en la mano

un reloj sin fin.



El corazón que conociste
I
El corazón que conociste
estaba hecho de arpillera beige.
Olía a menta. A romero recién cortado
y lo habitaban, aves migratorias
de onix

como retazos, de barrios de un oeste fabril;
silbatos de trenes eléctricos a lo lejos
te lo recordaban... a lo lejos...

cuando te enamorabas y te gustaba,
(morocha de lecturas como liturgias)
poner, tu oído derecho sobre él...

...Jugar, a imaginártelo cruzando
arroyos de miel de arrope en Tilcara,
entrando,
lento y azul de tan púrpura
en una catedral de cuento alemán
entrando,
de tu mano de aguanieve, lento,
lento en su ritmo cadente,
constante, ralentado y vitreaux.

Beber, vino cerca de él. Seguir así:
"amándolo", despacio, en rojo y en rubí
y nombrarlo, en un beso
de pendiente olvidado,
comertelo todo, todo.
Amor tribal.

II
Pero...
el corazón que conociste
que cayó como asustado
por un rayo gris,
ave en un puño...
que se echó para atrás;
alas replegadas en niebla de días
que se escondió
en el almanaque de tus miedos.

Que no permitió que vieras
bebieras,
sus lágrimas de frío.
Sus campos con cruces.
Sus árboles de alambre y sin hojas
en atardeceres de acero,
en Saenz Peña.

Y que se puso de pronto
blanco y negro.
Negro, como tu pelo.
Blanco, como tu desnudez...
Oh! Aro de fuego! Olvidado.
Al atardecer...

Y que no quiso entonces
que lo escuches: nunca más...

Nunca más, su pequeñito tam tam tribal.
Eólico. Puro como un caliz.
Corazón en madera de grenadilla roja.
Su latir fantasma.

Y ese corazón,
hecho de pobrezas y de arrobamientos
ante el estío todo - siempre -
de los sentidos heridos,
se dió
en silencio y en sombras, al olvido...

Al exilio de las cosas.
Destierro de lágrimas de azucar negra.
Amarga.

Ensueño simple hecho de adioses,
en andenes de trenes eléctricos.
De aguas de arrope de miel,
invisibles...
De Tilcaras y de catedrales...

Y ya no está contigo (ese corazón)
morochita de lecturas intensas.
Que ni entre líneas lo lees, ni lo leerás.
¿Ves?
No está.

Ni en este escrito de arpilleras.
Ni de santos griales de grenadilla.
Ni de aves migratorias en piedra negra.

Ni aquí.
En su línea curva. Cursiva.
Final.


El Hombre Mediático
(escrito a fines de los 90...)
Quisiera que tu poema me llegara desde lejos,
desde los campos.
Voceado por la gente.
En charlas de camioneros al costado de la ruta.

No quisiera jamás verte editado.
Ni que se molestaran por tus escritos en las radios.

Que tu poema tuviera el olor del lugar
donde fuera comentado.
Y que se leyera entre líneas que creciste
a base de aguas sanas, y de hogazas de pan,
(como hogazas de Dalí), levadas
entre trinos de pájaros.

Pero que ni se piense que tu poesía
fuera por ello banal, simple, cotidiana.
Que quedara en claro
cuan convocante de los humildes del nuevo orden
restableciente de los enfermos terminales
inspiradora de los suicidas
fuera.

Y la manera de arengar, disponer, reagrupar.
De fuegos de revolución y con esencias necesarias,
y repentina, como el beso liberador de la tormenta
en espacios abiertos.
Con el poder para derrocar a los corruptos
y al hombre mediático y sin juicios previos
sus fusilamientos.

No.

Que no se masturbara tu poesía.
No hiciera zapping.
No comprara histérica los nuevos mouse.
Nuevas release del software,
como nuevos liftings en Brasil.
Información. Más información!
Información como drogas duras.
Duro hardware duras retinas enfermas.
Piel blanca pegada a la pantalla.
Sonrisas de brillo irreal,
como muerte auto-asistida en la madrugada.

Titulares gritados.
Información. ¡Más información!
Como sexo pagado. Como coima.
Como fraude, estafa, mentiras. ¡Imágenes! 

¡Imágenes!

Veloz hombre mediático...
Corazón de Movicóm.

Un poema tangible.
En el viento.
Que toda mi alma cansada
y lo que resta de mis dedos con sabor a dólar
esperan.

Un poema no editado.
Que llega entre murmullos.

Como lluvia que se vuelve río.
Desde lejos.
Desde los campos...

...



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