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martes, 6 de febrero de 2007

DE MUERTOS Y SOMBIS ...desde Chile


LA HORA DEL ASCO
por Roberto Brodsky
Son una vergüenza. Dan asco. No exactamente los pinochetistas, de los cuales cabe esperar homenajes y elegías, sino los otros. Da asco la columna de Pato Navia ponderando en el diario La Tercera la obra refundadora de un dictador cuyos delitos de sangre y venalidad han sido ampliamente acreditados por la justicia internacional. Pero también dan asco los panelistas de Tolerancia Cero que se muestran implacables contra la corrupción de medio pelo, pero que evidencian una tolerancia infinita para referirse a Pinochet con eufemismos y pasitos de esgrima. Dan asco los noticieros, la propaganda militar, el kitsch de la dictadura con sus viejos estandartes, recuerdos, anécdotas de cómo nos enriquecimos mientras una parte de la población permanecía en el exilio, en la cárcel, o atemorizada en sus casas. Así cualquiera cambia el país, Navia; lo cambia y se lo roba. Así cualquiera. Qué vergüenza. El especial de La Segunda a cargo de Gonzalo Vial es un asco de principio a fin. Y los foros, con esos panelistas aterrorizados de llamar dictador a un dictador, ladrón al ladrón, terrorista a un promotor del terrorismo de Estado. Con ecuánimes palomas quieren despedir al que los escupió en la cara.

¿A qué le tendrán miedo? ¿A quedarse sin pega? ¿A perder rating? Son una vergüenza. Dan asco los especiales de prensa que El Mercurio y Copesa echaron a la calle para historiar la muerte del militar más sangriento de la historia de Chile, cómplice en los crímenes de sus propios camaradas de armas y quien celebró como un ahorro fiscal el hallazgo de dos y más cadáveres en un mismo ataúd cuando se revelaron las tumbas clandestinas del régimen. ¿No se darán cuenta que al hacerlo entonan loas al sentimiento de venganza? ¿Que están promoviendo una justificada patada en el culo cuando no un pistoletazo cada vez que vuelven a humillar a esos familiares con sus crónicas de alabanza? No, tienen que llorar para darse cuenta. Y en la Escuela Militar, ¿acaso todavía no saben leer para informarse de que el último comandante en jefe antes de Pinochet fue Carlos Prats, quien voló por los aires con un bombazo digitado desde Chile? Honores de Comandante en Jefe a un gorila golpista es cosa de asco, de vergüenza, pero así es. ¿Qué país escondido revela la muerte de Pinochet? Da pánico prestar atención a la incapacidad ya no política de los dirigentes concertacionistas, sino simplemente cívica para deslindar el bien del mal, como si no existiesen ya esas categorías: matar empata con modernizar, torturar oponentes empata con exportar manzanas, gobernar por el miedo empata con redactar una nueva Constitución.


¿De qué están hablando estos papeluchos del equilibrio? ¿Qué país es éste que da asco leer la prensa, ver la tele, escuchar la radio? ¿Por qué están todos de acuerdo en respetar la memoria penal de un tirano? Qué asco, qué complejo arrastran para dejarle a la historia, es decir a los otros, un juicio condenatorio que los tribunales escamotearon una vez más, tal cómo Carlos Cerda tuvo de el buen criterio de señalar en medio de la opereta funeraria.

Porque se trata de esto, finalmente. Augusto Pinochet falleció el 10 de diciembre en la más absoluta impunidad penal, y sólo Belisario Velasco, vaya por donde, fue capaz de orientar a la opinión pública de manera sintónica con los sentimientos de la gran mayoría, y si no, al menos con los valores que se supone sostienen a una democracia: respeto a las minorías, libertad de expresión, elección libre e informada, transparencia y probidad en el gasto público. Pinochet repitió de curso en todas estas materias de Estado, pero hete aquí que el burro es homenajeado por testarudo. Vaya democracia la que nos legó el cabrón. Un asco, una vergüenza para todos.

Contra lo que puedan pensar quienes todavía están leyendo esta columna, la muerte de Pinochet no me alivia de nada. La pérdida no de vidas, sino de nociones comunes para entenderse o disentir, es irremontable, tal como lo hemos visto en estos días. Nada nos devolverá lo extraviado bajo la bota. Recuerdo a un amigo que perdió a su padre, fusilado en Calama por la Caravana de la Muerte, y me contó su sentimiento de inutilidad cuando Pinochet quedó preso en Londres. Los oponentes festejaban la medida, intercambiaban mails, alentaban la extradición a España, pero él había quedado frío. Ni la horca que colgó a Mussolini salvaba su distancia. Esto puede ser un argumento para las columnas de Hermógenes a favor de la impunidad, pero no importa: se lo regalo como la muerte del sapo. El resarcimiento es un concepto judicial, no humano. Y el tema de Pinochet, que es el tema del odio en Chile, trata de vidas humanas.

Qué quieren: soy nacido el 57, fui educado en una democracia representativa, mi padre era comunista y me llevaba de la mano el año 63 a ver los actos de Frei Montalva para enseñarme a escuchar opiniones distintas a la suya. A los 15 años se acabó la lección. Pertenezco, según una encuesta publicada recientemente en La Tercera, a ese minoritario 20 % de la población que sabe distinguir entre un dictador y un presidente, un militar y un criminal, un hombre que ladra y otro que piensa, un lamebotas y un liberal. Somos minoría en el país, sin duda. Y a mucho orgullo. Presumo que para esa minoría no es la hora de festejar ni de llorar la muerte de Pinochet. Es la hora del asco, de la vergüenza. /

Roberto Brodsky. Santiago, 1957; entre sus novelas: El peor de los héroes (1999), novela acerca de las desventuras de un abogado que busca las huellas de un joven desaparecido durante la dictadura; Últimos días de la historia (2001)sobre los días previos y posteriores al Golpe vividos por tres adolescentes; El arte de callar (2004) sobre la muerte del periodista inglés Jonathan Moyle cuyo cadáver fue encontrado en el Hotel Carrera.
Referencia:
Roberto Brodsky *. "La hora del asco." Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago de Chile: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. 3 de Enero de 2007.

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jueves, 23 de marzo de 2006

30 AÑOS DEL GOLPE

// Por Ernesto Simón
Si el ejército argentino tenía una obligación, pues quedó claro que la orden no fue bien ejecutada. Tenían que proteger al pueblo de posibles ataques foráneos. Sucedió que entablaron una guerra contra sus compatriotas. Grave ataque a las instituciones. Los militares argentinos fueron juzgados y condenados. Luego sobrevino la historia. Quiero decir: alguien les dio la amnistía, Alfonsín. El otro los indultó: Menem. Ahora pagan la pena de ya no ser, y cuentan con el beneficio que les otorga la flácida memoria del pueblo argentino. Se cumplen treinta años del "Golpe Militar" que derrocó a Isabel Perón, quien había heredado la presidencia tras la muerte del General Juan Domingo Perón. Luego vino la fatalidad y el terrorismo de Estado. Persecuciones, interrogatorios, centros de detención clandestinos, desaparecidos, tráfico de bebes, las abuelas desesperadas buscando a sus hijos, y, como corolario, la "Guerra de Malvinas", última masacre mano factura "Ejercito Argentino".
El tiempo ha pasado, y parece que no ha pasado nada. Las mismas clases y los mismos intereses sociales, con las lógicas modificaciones producidas por el proceso histórico y la crisis capitalista, continúan dominando el país.
El golpe militar del 24 de marzo de 1976 constituyó un movimiento de reacción política apuntado a liquidar todo intento de social democracia. Habían indicios que preocupaban a la derecha: brotes revolucionarios iniciados en 1969, y luego los conflictos suscitados en junio y julio de 1975, con la primera huelga general de la clase obrera argentina contra el gobierno peronista.
El golpe tuvo la venia de los diferentes gobiernos de EE.UU. La burguesía nacional no se quedó al margen. Querían acumulación de riquezas, y eso es lo que los militares les aseguraban. Después se demostró que fueron pésimos administradores y malos gobernantes. Nadie olvida al pueblo argentino vitoreando a Videla en el estadio de River cuando el seleccionado de Menotti salió campeón mundial de fútbol. Esa misma burgue en el año ´78. La burguesía ilustrada fue la que también ovacionó en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, a Leopoldo Galtieri cuando, en irresponsable avanzada, recuperó Las Malvinas. En San Juan gobernaba Don Leopoldo Bravo, eterno colaboracionista de la dictadura.
La ilusión de Malvinas duró unos meses. Después ya todos conocemos la historia. La simplicidad con la que se olvida en nuestro país, hace que nos desentendamos de las responsabilidades. Los temas a debatir son estos: ¿por qué dejamos que estas cosas sucedieran?, ¿qué falto para evitar que un grupo de trasnochados tomaran el poder?, ¿qué irresponsabilidad tan pronunciada nos hace desentendernos como sociedad de lo que ocurre a nuestro lado? Estos tremas esperan su discusión. Mientras tanto, los diferentes gobiernos aprovechan la fecha para poner en práctica la tan efectiva "demagogia populista", siempre tan bien aprovechada por los gobiernos justicialistas. Bajando cuadros, haciendo recitales gratuitos, conmemorando lo que no combatieron. ¿Qué nos pasó com país? ¿Cuándo fue que nos ganaron la batalla?
Eran tiempos de reacomodamiento. Las clases sociales empezaban a fracturarse. La burguesía necesitaba un completo cambio de régimen. Para ello había que sortear una serie de "obstáculos legales". La naturaleza reaccionaria y fascista del régimen militar le vino bien a un conjunto minúsculo de argentinos que otrora ostentaron la oligarquía ganadera estimulada por Rosas y que ahora, convertida tras la revolución industrial, necesitaban nuevas condiciones para poder continuar con la explotación. Los favores que el Estado Argentino concedería a esta clase, sólo pudo sostenerse con represión. Mientras las huelgas obreras crecían, la descomposición del gobierno peronista se aceleraba. El golpe era inminente. La inflación y el desabastecimiento fueron promovidas desde los estratos más poderosos de la economía. La especulación desenfrenada, la fuga de divisas, la cesación de pagos con el exterior y la "huelga impositiva", fueron piezas claves que la derecha supo mover en el entramado tablero de la política argentina. El objetivo de este caos económico era, por un lado, disciplinar detrás del golpismo a la mediana empresa y a la pequeña burguesía. También se logró paralizar a la clase obrera, desquiciando sus condiciones de vida materiales hasta extremos intolerables. El viernes 18 de diciembre de 1975, se levantó un sector ultraderechista de la Fuerza Aérea reclamando que Videla sea designado presidente. El golpe quedó aislado. La dirección de las Fuerzas Armadas entendía que el golpe debe ser "institucional", esto es: encabezado por los jefes de las tres fuerzas. Los altos mandos dudaban, además, sobre las reacciones que podrían provocar. Tanto los partidos políticos como la CGT se abstuvieron de intervenir. Desde Tucumán, Videla le puso fecha al golpe: "denme noventa días" dijo, "el 24 de marzo de 1976 tomamos el poder", y así fue. Cumplió con su palabra. Acaso lo dejamos cumplir.
La revista The Economist anunciaba que el ministro de economía sería José Alfredo Martínez de Hoz, presidente del Consejo Empresario Argentino y de Acindar. Durante los primeros setenta días de 1976, la burguesía nacional profundiza el caos económico y arma el "respaldo civil" del golpe. Como suceden estas cosas. Como la historia oficial está habituada a irrumpir en el país: el 24 de marzo de 1976 los militares dan el golpe más anunciado de la historia argentina.

martes, 21 de marzo de 2006

24 DE MARZO. A 30 años del HORROR

El 24 de marzo de 1977, el escritor, militante y periodista argentino Rodolfo Walsh da a conocer su ya célebre carta abierta a la junta militar. Esta, sumada a su incesante actividad contra los sistemas totalitarios que como una pandemia se extendieron a lo largo de America Latina, como sabemos, le costó la vida. Aunque la carta ha sido ya muy difundida, la ofrecemos a quienes no hayan tenido la oportunidad de leerla, y también como un necesario homenaje a todos quienes sufrieron el encierro ilegítmo de los campos de detención, la tortura y la muerte, a manos de asesinos todavía impunes. JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES, Y UN NUNCA MÁS ENORME COMO EL DOLOR DE RECORDARLOS.

CARTA ABIERTA A LA JUNTA MILITAR
Por Rodolfo Walsh

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años. El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades. El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron. Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo. Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez ... (LEER CARTA COMPLETA pulse aquí)
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